martes, 10 de agosto de 2010

París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas


Una de mis manías que llega a rozar la rareza es la de buscar libros con el nombre de la ciudad que voy a visitar para llevarlos como lectura de viaje a ese lugar. La acción no tiene por qué transcurrir en ese lugar, a Amsterdam me llevé Amsterdam de Ian McEwan en el que la ciudad solamente aparece de pasada en las escenas finales del libro. El único requisito es que el nombre del lugar aparezca en el título. Esta fue la razón fundamental que me hizo elegir París no se acaba nunca como lectura para mi viaje a París, sin sospechar que un libro elegido de forma tan inconsciente iba a desencadenar unas reacciones tan intensas.

Mi relación con Vila-Matas ha sido hasta ahora ambigua. He leído varios libros suyos, unos me han gustado más que otros, pero no conseguía entender la idolatría que este autor despierta en sus seguidores más fervientes. En sus peores momentos llegaba a resultarme repetitivo y cargante, alguien que ha tenido éxito con un truco narrativo determinado y lo repite hasta la saciedad. Mi actitud al empezar este libro era pues cuanto menos escéptica.

Pero esta vez los astros estaban en una conjunción propicia, o París le presta un aura especial a todo, o simplemente he tenido una hora tonta: no sé por qué habrá sido, pero esta lectura me ha revuelto el alma como muy pocas han conseguido hacerlo. Tal vez haya sido la identificación de los ambientes de la novela, el estar paseando estos días por los mismos escenarios que se describían en el libro. O quizás fue la ironía tan tierna con la que Vila-Matas se pone como modelo de las peores imposturas de la bohemia parisina de Saint-Germain-des-Prés, la pose y el elitismo que le movió en su juventud a querer vivir como sus modelos y que solamente le llevó a vivir en la pobreza y la precariedad.

No sé por qué motivo, esta vez el libro leído y la ciudad visitada se han compenetrado en una simbiosis perfecta. Terminé de leerlo en el Jardin de Luxembourg, rodeada de gente razonablemente normal que leía, escribía charlaba o dormía la siesta en las sillas que hay esparcidas por todos los parques de París. Era un domingo por la tarde, el sol brillaba pero no hacía demasiado calor, y durante un par de horas conseguí ser irracionalmente feliz. Creo que no se puede pedir más de un viaje, o de un libro.

9 comentarios:

Amkiel dijo...

Si algún día desciendes navegando el río Danubio, no puede faltar en tu zurrón: "El Danubio", de Claudio Magris. Y si no piensas hacerlo, tampoco puede faltar en tu estantería, para que sepas lo que te has perdido.

Mike Pop Rock dijo...

Genial ! Libro y ciudad... falta música. Deberías haber llevado "Down in the Seine" o "Long Hot Summer" de Style Council aunque lo suyo es el Live in París de Seal... you've got it !

Carmen Neke dijo...

Me gusta tu recomendación, me lo apunto para cuando consiga ir por fin a Budapest, que es mi asignatura pendiente desde hace muchos años. No creo que vaya a navegar por el Danubio, pero siempre me puedo sentar a leer el libro en un puente y hacerme una foto con el río de fondo.

Carmen Neke dijo...

Mike, claro que llevaba el Live in Paris de Seal (y el de Supertramp también) para escucharlos en el tren. Style Council ya sabes que no es lo mío...

Carlos González P. dijo...

Aquí Jack:
Me alegra que a ti también te haya gustado Carmen. Seguro que París tuvo mucho que ver, pero eso no desmerece en absoluto la novela ni minimiza el placer obtenido.

Te he envidiado sanamente durante la lectura del blog, que lo sepas.

Carmen Neke dijo...

Gracias, Jack. Te recomiendo reservar la relectura para un viaje a París, sentado en la terraza del Café de Flore. Vestido de negro y con gafas, por supuesto.

Ivanobicho dijo...

Ah ¿eras tú la del Jardín de Louxembourg??
Ivanobicho

jilguero encadenado dijo...

Después de leer tu comentario y saber que fuiste feliz un par de horas, pongo el libro en cola de lectura.En mi caso, creo lo leeré aquí. Cuando viajo, especialmente si me gusta mucho el lugar (tal es el caso de Paris), me resulta difícil leer porque tengo la sensación de que me pierdo el presente. Pero bueno, si regreso a Paris y visito los jardines de Luxembourg, recordaré que allí fuiste feliz.

Anónimo dijo...

Es uno de los que no he leído de Vila-Matas. Yo formo parte de su legión de admiradores. En mi caso lo atribuyo a que reacciono a su lectura como si se tratase de un "diálogo" personal. Él escribe, yo leo y "respondo". Tanto respondo que en la feria del libro llevé "Dietario voluble" para que me lo dedicara. Lo examinó estupefacto. Los márgenes estaban llenos, decenas de páginas con marcas... Me miró mucho tiempo y luego dibujó una botella y escribió: Mediodía, jazz, calor... Aquí.
Era mediodía, hacía mucho calor, pero no sonaba jazz. Tendré que releer su libro con jazz, y para el que tú recomiendas, probaré con Live in Paris.