martes, 17 de agosto de 2010

Los libros del instituto


De visita en Málaga hace unos meses, fui de librerías como de costumbre con mi amiga MCC, quien comentó al ver la lista de obras de teatro del Siglo de Oro que estaba buscando: “¡Te estás comprando todos los libros del instituto!”. Se refería naturalmente al instituto de nuestros tiempos, el de los años ochenta del pasado siglo, cuando los profesores todavía podían imponer lecturas clásicas a sus alumnos sin que los padres los llevaran ante el Tribunal de La Haya. Y nosotros los jóvenes de entonces nos leíamos esos libros con mucho, poco o nada de gusto, pero no nos traumatizábamos por ello. La verdad es que fuimos una generación muy poco traumatizable por la cuenta que nos traía.

Volver ahora al teatro del siglo XVII sirve para poner en perspectiva estas obras y acabar con muchos de los prejuicios que tenemos sobre ellas, y uno de los prejuicios más persistentes es pensar que la tragedia es un género superior a la comedia. Los dramas históricos y de honor serian las obras cumbre de Lope, Calderón y Tirso, mientras que sus comedias serían meros productos de entretenimiento. Pero lo cierto es que muchos de sus dramas más celebrados eran obras de encargo, propagandísticas, destinadas a enaltecer a la monarquía o a miembros de la nobleza por medio de la recreación subjetiva de determinados sucesos históricos, como ocurre en Fuenteovejuna de Lope de Vega. O como en el caso de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, estos dramas tenían una misión moralizadora como vehículo de valores como el respeto a la autoridad paterna, monárquica y divina.

En las comedias, en cambio, los autores se veían libres de las trabas impuestas por las estrictas normas sociales del Siglo de Oro. Al ser un género “menor”, no importaba que las mujeres tuvieran un papel activo en la trama, que las normas del honor se vieran restablecidas mediante engaños, o que la autoridad fuera burlada sin castigo alguno. Las comedias podían a llegar a ser obras realmente subversivas, que se atrevían a poner de manifiesto impunemente los peores defectos de la sociedad de su momento. Un buen ejemplo de ello es La dama duende de Calderón de la Barca, donde se critican las creencias supersticiosas del pueblo, pero que también plasma la situación de la mujer viuda en el XVII, condenada a un luto riguroso y a un encierro de años muchas veces en plena juventud. Llama la atención en estas comedias el carácter tan activo, inteligente y asertivo que tenían las figuras femeninas, mientras que en la sociedad estaban condenadas a un férreo dominio por parte de padres, hermanos y esposos. Por suerte tal domino parece no haber sido suficiente para acabar con el carácter bravío de nuestras tatarabuelas de antaño.

7 comentarios:

Carlos González P. dijo...

Pues que quieres que te diga: yo, con mis 37, soy de esos que le cogieron manía al siglo de oro a fuerza de imponerlo. Me molestaba que luego fuese a la biblioteca del colegio y encontrase libros "menores" mucho mas interesantes. Siempre he creído que está muy bien que a uno le hagan leer en el colegio o en el instituto pero lo que no puede ser es que sigan siendo los mismos libros que hace 30 años. No digo que pongan a Dan Brown, pero es muy difícil enganchar a un crío de 10 años con las Greguerías que no solo me hicieron odiar al género y la época: también la editorial. Aún es hoy que se me eriza el vello ante los lomos negros de las librerías.

Y ojo, no dudo que haya calidad, es solo que creo que también hay calidad en otros momentos de la historia y no se les presta la misma atención.

Eso si, los herederos de Juan Ramón Jimenez o Gomez de la Serna deben estar encantados con los planes de estudios de todo el país.

Carmen Neke dijo...

Carlos, tú por lo menos tuviste la oportunidad de descubrir tú mismo qué libros te gustaban y cuáles no, y de probar diferentes géneros y épocas literarias. Todo esto es fundamental para formarte un criterio de lectura propio. A nosotros nos obligaban a leer estos libros, pero no nos obligaban a que nos gustaran. Los jovenes de ahora tienen la "obligación" de despreciar a los clásicos sin haberlos leído siquiera, eso sí que lo veo yo como una imposición bastante perniciosa.

Carlos González P. dijo...

¿"Despreciar a los clásicos"? ¿Cómo se puede obligar a los jóvenes a despreciar a los clásicos?

De todos modos, y lo digo por experiencia, a los clásicos, como a casi todo en esta vida, es mejor llegar por voluntad propia.

Yo apenas conozco a los clásicos y en la mayoría de los casos ni ganas. Pero eso no quita que mañana cambie de opinión. Hace dos semanas no quería ni oir hablar de "Los hermanos Karamazov" y hoy está entre las primeras de la lista. Leer anima a leer. La lectura induce a la lectura, pero solo cuando gusta.

Siberia dijo...

Ya, Carlos, pero eso es como decir que mejor no te obliguen a hacer problemas porque a las matemáticas hay que llegar voluntariamente mediante el gusto. Si tenemos que esperar a que a los adolescentes les suten los clásicos, mejor vamos buscando un sillón cómodo.

Carlos González P. dijo...

Antes de nada: Siberia, creo que no había tenido el gusto: un placer.

Ahora:

No me sirve el ejemplo. Las matemáticas, precisamente las matemáticas, tienen poco o nada que ver con lo que quiero decir. Son una ciencia y de la importancia suficiente cómo para que no haya lugar a dudas sobre su conveniencia. Como en el caso de la química.
Yo hablo de literatura y mira que no hay libros. Yo soy el menos indicado para hablar porque he huido siempre de los clásicos y no los conozco (ni ganas: repito) pero tu misma me da la razón cuando dices " Si tenemos que esperar a que a los adolescentes les gusten los clásicos, mejor vamos buscando un sillón cómodo." ¡¡Pero si lo sabemos porque no tratamos de buscarle una solución. Enseñémosles a apreciar los clásicos. ¿ Queréis hablarles de la generación del 27, que la conozcan y además se diviertan?: que pase el señor Orejudo y sus "Fabulosas Narraciones por Historias". Vamos poco a poco, que aprecien el valor de la literatura y si les tememos que mandar como lectura una novela de Sandokan lo hacemos pero con novelas ubicadas en la guerra civil difícilmente vas a llegar a un chaval de 15 años. Lo leerá, si, qué remedio, pero apunta otro como perdido.
Insisto: no se trata de que no lean sino de tratar de encontrar un punto de encuentro con mas posibilidades de continuidad. Nunca llueve a gusto de todos, es cierto, pero a veces clama al cielo.

Siberia dijo...

Igualmente, Carlos, un placer.

Hace mal en dividir a las ciencias como convenientes y a las letras o las artes como prescindibles. Vamos, la autora del foro más vale que no se entere. Todas están en el plan de estudios por algo, son importantes para la formación personal. Precisamente mucha gente se queja de lo contrario. ¿para qué estudiar las leyes de Newton o aprender a hacer derivadas si no lo van a utilizar en su vida? Fácil: hay que saber física básica y conocer a Cervantes porque forman parte de nuestro patrimonio y de nuestra cultura. Y eso incluye hacer problemas y leer textos clásicos. Luego solamente un porcentaje muy pequeño gustará realmente de esas materias o se hará profesional de ellas. Y ocurre al contrario: quien ha tenido contacto desde pequeño con libros, música o arte tiene muchísimas más posibilidades de ser lector o melómano de mayor. Que espontáneamente un adulto se acerque a la cultura sin contacto previo es mucho más infrecuente.

PD: Soy varón.

Carmen Neke dijo...

Caballeros, doy por cerrado este debate sobre las armas y las letras que con tanto brío han estado manteniendo. Muchas gracias a ambos por sus interesantes aportaciones, dejemos que las conclusiones finales las saque cada lector según sus gustos y circunstancias personales.

Ha sido un placer tenerlos por aquí de visita, y espero volver a tener la ocasión de verlos en futuras entradas del blog.