domingo, 25 de julio de 2010

Ladrones de tinta, Alfonso Mateo-Sagasta


Este libro ha sido un regalo que llevaba ya tiempo esperando el momento de poder llegar a mis manos. Este hecho, unido a todo lo bueno que he oído sobre él y al argumento tan atractivo, hizo que me lanzara a devorar sus páginas a la primera oportunidad. Y me ha gustado, sí, y mucho, aunque con algunas reservas.

El resumen del argumento es el siguiente:
Diez años después de que Francisco Robles editara la novela titulada El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, un tal Alonso Fernández de Avellaneda se atreve a sacar una segunda parte. Robles, furioso porque un avispado le pise un negocio por el que lleva años luchando, encarga a Isidoro Montemayor, uno de sus empleados, que encuentre al tal Avellaneda para ajustarle las cuentas.

Como novela de intriga literaria, este planeamiento es muy tentador y está basado en uno de los grandes misterios de nuestras letras: ¿quién fue Avellaneda, y qué le llevó a escribir una segunda parte del Quijote tan denigrante hacia Cervantes y sus personajes? Al principio la novela sigue esta pista argumental con gran rigor, pero conforme avanza la historia al autor se le va yendo un poco de las manos el argumento, se le va complicando con nuevos hilos que poco o nada tienen que ver con la historia principal y que se resuelven con desigual fortuna. Por suerte la novela nunca llega a descarrilar, el autor consigue mantener el control sobre su obra pero no puede evitar algunos altibajos que deslucen el conjunto.

En su búsqueda del tal Avellaneda, las andanzas de Isidoro Montemayor irán trazando un magnífico fresco de la sociedad de Madrid a principios del XVII, donde el autor demostrará su gran talento para la recreación de ambientes históricos y su buen ojo para el detalle cotidiano. Estas cualidades dotarán de credibilidad y profundidad a esos ambientes descritos en toda su crudeza, y elevarán la novela por encima de la superficialidad histórica habitual en este tipo de escritos. Por si eso fuera poco, los principales personajes históricos y literarios de la época formarán parte fundamental de la historia, tanto en persona como por referencias. Eso de dejar que Lope de Vega y Cervantes representen un papel protagonista en la narración, y que otros poetas de renombre como Góngora, Quevedo y Villamediana también hagan personalmente su aparición, es algo tan atractivo como arriesgado. El autor se mueve aquí en un terreno muy resbaladizo, pero logra hacer un retrato muy coherente de estos autores, dotándolos de una dimensión humana y desmitificadora que al mismo tiempo deja intacta toda su dignidad como grandes de las letras.

Una lectura veraniega de alta calidad, muy recomendable. Una novela entretenida, original, bien escrita, y para todos los amantes de la literatura del Siglo de Oro y de la novela de intriga histórica uno de esos libros que se suelen calificar de “imprescindibles”. Y una elección estupenda para regalar, doy fe de ello.

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