martes, 13 de julio de 2010

El viajero del siglo, Andrés Neuman


Andrés Neuman ha declarado en alguna entrevista que su intención al escribir El viajero del siglo fue la de hacer un libro raro, y sin duda alguna lo ha conseguido. Algo que le honra en este panorama literario de refritos y géneros estandarizados donde todo lo que se salga de las pautas establecidas será dejado de lado con la etiqueta de invendible por parte de las editoriales . Aunque lo cierto es que este libro lo promocionan como lo que no es: no es una novela histórica ni pretende serlo, tampoco es una novela romántica ni fantástica. Es, increíblemente, una novela de ideas de las que hace mucho que no se escribe ninguna. El autor quiere hablar de una serie de temas: la nacionalidad y los nacionalismos, la identidad, el desarraigo, la libertad y la falta de ella. Y lo hace creando un mundo inexistente como escenario para unos personajes arquetípicos pero irresistibles que le sirven de portavoces e ilustradores de las tesis y sus respectivas antítesis. El resto es un relleno literario experimental de muy alto nivel: hay novela romántica, erótica, epistolar, de misterio e intriga, ensayo, poesía, teatro.

La trama es estática, casi inexistente, y a pesar de ello no llega a aburrir en ningún momento. Las más de quinientas páginas de la edición de bolsillo se componen de las idas y venidas de los personajes dentro del municipio de Wandernburgo, sus conversaciones, sus cartas y sus dudas que vienen a resumirse en el eterno dilema: quedarse o irse, la libertad o la seguridad, elegir lo conocido y cómodo pero aburrido o optar por la libertad, la aventura y el riesgo. Dilema que se plantea tanto en la vida como en el trabajo, la política, el amor, el arte, y lleva consigo la pregunta de hasta qué punto es el hombre (o la mujer) libre de elegir su destino, su país, su ideología.

Un libro impublicable que llegó a ganar un premio y a vender bastantes ejemplares, la prueba de que el marketing editorial es capaz de hacer milagros. Pero por una vez no leerán queja alguna al respecto por parte de esta lectora.

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