domingo, 20 de junio de 2010

Tirano Banderas, Ramón del Valle-Inclán


Ramón del Valle-Inclán fue un auténtico genio literario, pero tuvo la mala suerte de nacer en España. Si hubiera sido anglosajón, su nombre estaría entre los grandes de la literatura universal del siglo XX. Pero en el país y en la época que le tocó vivir, pasó de ser en vida un escritor extravagante y excéntrico al que no había que hacer mucho caso, a ser un escritor trasnochadísimo a quien guardar en los anaqueles más polvorientos de la historia de la literatura tras su muerte.

Tirano Banderas tiene una reputación dudosa como novela. Se la clasifica como la obra maestra de Valle-Inclán, sí, pero directamente después se le van pegando etiquetas: esperpéntica, experimental; difícil, de lenguaje inaccesible. Nada que invite al lector a abrir sus páginas y sumergirse en su historia. Pero quien tiene el arrojo de hacerlo se lleva una sorpresa y de las grandes, porque se encuentra con una novela moderna, crítica, irónica y que engancha desde la primera línea. Una novela publicada en 1927 pero cuya temática sigue siendo increíblemente actual: el tirano que se mantiene en el poder implantando un régimen de terror tanto entre la población como entre sus propios colaboradores, y que cuenta con el apoyo implícito de la colonia de extranjeros residentes en el país porque los negocios van a marchar mucho mejor bajo el gobierno de un dictador que bajo la democracia del pueblo.
Uno de los grandes aciertos de la novela es la falta de definición espacio-temporal de la trama. La historia transcurre durante las celebraciones de Todos los Santos en un país hispanoamericano que podría ser México pero igualmente podría tratarse de cualquier otro. El lenguaje utilizado constituye justamente un elemento más de no identificación, el autor ha procurado usar tanto voces peninsulares como de distintas regiones de América Latina para dar a su obra un carácter panhispano. La figura deTirano Banderas está tan deshumanizada que pasa a ser sobrehumana y prototípica, puede ser el dictador de cualquier país latino en cualquier época. Y esto es lo que hace que esta novela siga manteniendo toda su frescura y validez más de ochenta años después de su publicación.

No es una novela para pasar el rato, es un libro para leer con atención, disfrutar de su maestría formal y lingüística y meditar sobre su contenido. Que los libros también están para eso.

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