domingo, 27 de junio de 2010

Cuentos, Julio Ramón Ribeyro


Precepto nr. 4 de la poética del cuento, según Ribeyro:
La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.

Julio Ramón Ribeyro se sentía incapaz de escribir una gran novela al estilo de los grandes narradores latinoamericanos contemporáneos, pero al mismo tiempo consideraba el cuento como un género menor. Llegó a agrupar sus cuentos temáticamente en las primeras colecciones publicadas, esperando que la suma de las partes trajera consigo una revalorización del conjunto.

Triste destino el del autor que reniega del género que domina con maestría inigualable, porque los cuentos de Ribeyro cumplen a rajatabla el precepto indicado arriba. Sus relatos entretienen por la agilidad y la frescura con que están escritos, conmueve el destino miserable de sus personajes, intriga esa voluntad patética de superación en la que perseveran pese a todo, y sorprende la esperanza que pervive en el transfondo de todas estas historias. Los protagonistas son seres condenados al fracaso pero que son capaces de mantener una cierta dignidad personal, una dignidad de ser humano que se atreve a rebelarse contra las circunstancias.

Los mejores relatos son los que se sirven de una técnica narrativa escueta, donde lo que se dice queda reducido a un absoluto mínimo y los silencios son tan elocuentes como las palabras del narrador o de los personajes. Los relatos posteriores y más extensos de Ribeyro están en mi opinión menos conseguidos. Son unos relatos de confección impecable pero de fórmula, la longitud les hace perder fuerza dramática y efectismo, no llegan a calar tan hondo en el lector como sus cuentos más breves. Pero así y todo, los relatos de este autor son todos sin excepción una experiencia lectora de primera categoría. Fue todo un regalo, llegar a conocer a este autor a través de este libro que me pusieron en las manos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Raro. A mí no me parece que los cuentos largos como "Sólo para fumadores" y "Silvio en El Rosedal" sean menos logrados o más formulaicos que los cuentos cortos. Eso sí, cuentos como "Por las azoteas", "El polvo del saber" o "El ropero, los viejos y la muerte" son dificilmente igualables.

Wara dijo...

Yo debó haber leido algún cuento suelto de Ribeyro porque de otra forma no sé cómo me hice con su nombre para buscarlo especialmente en la biblioteca; ocurrió que el volumen que yo buscaba estaba en préstamo, de modo que me traje el de "Prosas apátridas" y fue un enamoramiento instantáneo, tanto que ahora no sé si retraso la lectura de sus cuentos por miedo a sentirme decepcionada.

Qué complicado es esto del leer, ¿no? No, claro, los complicados somos nosotros, los lectores.