viernes, 16 de abril de 2010

Pan, Knut Hamsun


Esta ha sido una lectura extraña, de la que todavía no estoy segura si me ha gustado o no. Pan (1894) es una de las primeras novelas del noruego Knut Hamsun, ganador del premio Nobel de literatura en 1920. Y la historia de los amores del teniente Glahn se sitúa de lleno en la tradición del Romanticismo decimonónico: la naturaleza animada, agreste, en la que el teniente se siente mucho más cómodo que en la sociedad; y su amor por las mujeres, lleno a la vez de admiración y extrañamiento y condenado a fracasar desde el principio. Pero el teniente Glahn resulta ser un héroe existencialista inmerso en este escenario romántico, y su amada Edvarda se nos presenta como un ser imperfecto, voluble y caprichoso pero a ratos enternecedor, lejos de la idealización de las heroínas del siglo XIX. Es un planteamiento esencialmente moderno de una situación clásica, es el Werther de Goethe reescrito por Camus en un momento de enajenación creadora.

Isaac Bashevis Singer escribió sobre este libro:
Los escritores verdaderamente originales no se proponen construir nuevas formas de expresión o imaginar nuevos temas solamente para parecer novedosos. Su originalidad proviene de su extraordinaria sinceridad, porque se atreven a exponerse, a revelar sus pensamientos y sus peculiaridades más profundos.

No sé si me ha gustado o no, pero tengo que admitir que es un libro con un carácter muy propio. Y eso es algo que se puede decir de muy pocas obras literarias.

1 comentario:

Iván dijo...

La cita de Singer me recuerda a algo que dijo Cheever cuando explicaba literatura a sus alumnos. Según T.C. Boyle (un alumno suyo) Cheever repetía una y otra vez, un tanto indignado con sus alunmnos más vanguardistas, que lo consideraban un dinosaurio en extinción, que debían comprender que toda buena ficción es un experimento, toda buena historia es experimental, sin importar su forma o modales" (nota a pie de página del epílogo a Bullet Park firmada por Rodrigo Fresán).

Esa misma idea expresada de otra forma, la tengo subrayada en el prólogo que Santiago Roncagliolo hace a un estupendo libro de Phillip Lopate (El mercader de alfombras), "la literatura del siglo XX se especializó en grandes retos; la novela total buscaba la representación absoluta de la realidad. La narrativa posmoderna ya ni siquiera contaba historias, el protagonista era el lenguaje, que desafiaba sus propios límites. Pero como dice Wittgenstein, las palabras solo contienen lo que cabe dentro de ellas".

Iván