sábado, 17 de abril de 2010

El libro de las ilusiones, Paul Auster


No me gusta Paul Auster. He terminado llegando a esta conclusión después de tres intentos en su narrativa. La Trilogía de Nueva York me resultó incomprensible, y en La noche del oráculo el propio autor se enreda en su maraña de acciones entrecruzadas que no sabe cómo desenredar. El libro de las ilusiones es ciertamente una obra de otro calibre, mucho más conseguida que las otras dos, pero el autor se las arregla para estropear lo que podía haber llegado a ser una obra maestra.

Paul Auster es un gran escritor, un gran narrador y un gran inventor de historias. Su obsesivo universo metaliterario de escritores residentes en Brooklyn perseguidos por la desgracia tiene una enorme fuerza atractiva, y puedo comprender que este autor tenga un gran número de seguidores incondicionales. Sin embargo lo pierde la desmesura, no sabe dosificar los elementos de sus novelas, y acaba asfixiando al lector en una avalancha de sucesos, cruces de hilos narrativos, casualidades argumentales y explicaciones que no vienen a cuento. La historia de Hector Mann, el cineasta misteriosamente desaparecido, habría dado por sí misma para llenar toda la novela. Y David Zimmer, el narrador que se sumerge en el estudio de las películas de Hector Mann para darle algo de sentido a su vida, ofrece al lector un exhibicionismo morboso de sus desdichas que resulta perversamente atractivo. Pero toda la última parte de la novela sobra, la acumulación de nuevos personajes e historias solamente sirve para hacer incongruente e inverosímil una narración que de otra manera le habría quedado redonda. Un buen editor podría haber salvado a Paul Auster de sí mismo, una pena que nadie llegara a hacerlo.

3 comentarios:

Siberia dijo...

Pero muchos grandes novelistas pecan de lo mismo: sus novelas no son perfectas, al contrario, tienen imperfecciones clamorosas, pero les salva el talento.

Dos ejemplos: Tolstoi en Guerra y PAz y Joyce en Ulises.

PD: Ahí le he dao, eh?

Carmen Neke dijo...

Siberia, usted habla de grandes novelistas con talento. Joyce y Tolstoi crearon obras imperfectas porque les sobraba el talento y no sabían medir sus fuerzas. Auster en cambio no es un mal jugador de la segunda división literaria, pero no tiene lo que hay que tener para poder mantener el tipo en la división de honor.

Wara dijo...

He tropezado dos veces con Auster, en Brooklyn Follies y Un hombre en la oscuridad; no tenía intención de repetir pero no sé qué pasó. Me ha gustado "El libro de las ilusiones", aunque coincido contigo en que la historia de Hector Mann justificaría por sí mismo la novela, sin más enredos. Ocurre también que por motivos personales de alguna forma llegué a sintonizar con David Zimmer y su obsesión por ese misterioso personaje. En fin, que después de dos tropiezos, con este título conseguí esquivar el que sería definitivo.