miércoles, 24 de marzo de 2010

Rayuela, Julio Cortázar


Ando estos días releyendo Rayuela de Cortázar para un miniclub de lecturas virtual. Allá por los años ochenta lo leí y releí y volví a releer hasta el hartazgo, y después lo he tenido casi veinte años abandonado sin volver a él. Siempre fueron lecturas solitarias, esas de mi juventud, por eso ante la posibilidad de hacer una (re)lectura conjunta de Rayuela no he podido resistir la tentación. Los reencuentros con los amores del pasado son peligrosos, lo sé, nosotros los de entonces ya no somos los mismos y se corre el riesgo de haber envejecido mal, por ambas partes. Pero esta vez los malos augurios no se han cumplido: Rayuela es como un viejo amante, ya no es capaz de llevarme a las altas cotas de entusiasmo de antaño, pero la química entre nosotros sigue funcionando igual de bien.

Los conceptos de facilidad o dificultad a la hora de calificar un libro no son absolutos, y tienen mucho que ver con nuestro carácter, nuestras capacidades, nuestros gustos y nuestro bagaje lector. Pero experimental no tiene por qué ser necesariamente sinónimo de difícil. Si Rayuela es difícil (que lo es, a ratos) no es porque sea una novela experimental sino porque Cortázar a veces pierde el rumbo narrativo, se sube a la cátedra y empieza a soltar referencias cruzadas sobre arte, literatura, jazz, historia y no sé qué más, que solamente eran comprensibles para tres o cuatro intelectuales contemporáneos suyos. Por suerte, el propio Cortázar es capaz de ironizar después sobre su propia pedantería, lo que le quita bastante hierro al asunto.

Rayuela es una novela muy imperfecta porque es una novela de tránsito, de búsqueda para el propio autor. Todos los planteamientos formales, estilísticos y filosóficos que aparecen en ella se plasmarán con una maestría muy superior en 62, modelo para armar, que será la auténtica aplicación de la poética desarrollada en Rayuela. Pero Rayuela también es una novela muy auténtica, en la que el autor nos muestra sin pudor alguno toda su trastienda creativa, sentimental y emocional. Y la historia de Oliveira y la Maga es sencillamente inolvidable, porque Cortázar era ante todo un gran escritor.

5 comentarios:

núria dijo...

Bienvenida a blogworld, hace tiempo que te esperaba.
Si no fuera por los 40 que tengo pendientes, me ponía con Rayuela.

Siberia dijo...

Yo creo que Rayuela tiene un gran valor como reflejo de su tiempo, de la mentalidad que cubrió el final de los sesenta y hasta los ochenta, con esa forma de sentir, amar, rebelarse y escribir. Los que lo hemos sentido, aunque sea un poco, tenemos un cariño especial a esta novela.

ILONA dijo...

Yo leí rayuela en una de sus dos versiones, y ahora no recuerdo si fue en la lineal o saltando por los capítulos. Tremendo dilema porque tengo pendiente su relectura de la forma distinta a la inicial.

Tal vez deba decantarme por los cuentos de Cortázar de la lista de pendientes y dejar Rayuela para cuando la memoria se me ilumine, lo que cada vez ocurre menos a menudo.

Qué sorpresa lo del blog, Carmen.

Un saludo.

Carmen Neke dijo...

Ilona, qué gusto verte por aquí. Tanto los cuentos de Cortázar como Rayuela son muy recomendables, si te relees la novela te recomiendo seguir el tablero de dirección: los "capítulos prescindibles" son a veces muy prescindibles, pero entre ellos también se encuentran algunas de las mejores páginas de la novela.

Y Núria, hazle caso a Siberia que sabe bien lo que dice.

Lucrecia Borgia dijo...

Además de Rayuela, a mi me encantó
" Todos los Fuegos el Fuego "