martes, 28 de diciembre de 2010

Respiración artificial, Ricardo Piglia


Ya sé que no está bien decir de un libro regalado que es un truño. Y en el caso de Respiración artificial además es una gran injusticia hacia el libro, que está muy bien escrito y no carece en absoluto de calidad literaria. Pero tengo que admitir para mi vergüenza que no me he enterado de nada. La novela tiene pasajes estupendos, cierto, pero en su totalidad no sé qué es lo que el autor pretendía contar con esta historia, ni siquiera estoy muy segura de haber entendido de qué iba la historia en sí. Sospecho que es una especie de libro en clave, escrito para los amiguetes intelectuales capaces de captar al vuelo las referencias encubiertas que se encuentran en él. A mí esta lectura me ha dejado más que nada un hondo sentimiento de frustración. Pero como bien dijo la persona que me lo regaló: no es culpa del libro, es culpa tuya. O sea, mía.

viernes, 10 de diciembre de 2010

En la vida de Ignacio Morel, Ramón J. Sender


Ramón J. Sender es un autor que en mi memoria está íntimamente relacionado con las lecturas de bachillerato en los años 80. Con La tesis de Nancy como libro divertidísimo para todo el mundo menos para mí, y Carolus Rex como novela histórica psicodélica, no sentí después excesivos deseos de volver a repetir lectura de su obra. Hasta que el destino puso en mis manos hace unos meses el ejemplar familiar de En la vida de Ignacio Morel, y su lectura me ha servido para reconciliarme con la figura de este autor antaño tan en boga y hoy día tan olvidado.

Este libro, tal como ya anuncia el título, no cuenta realmente una historia sino que se limita a hablar de unos días en la vida de este profesor de instituto de origen español que reside en las afueras de París y cuyo mayor problema vital viene a ser el miedo a la vida en sí misma. Una novela intelectual y rompedora que al mismo tiempo se deja leer con extraordinaria facilidad e incluso resulta bastante amena, aunque lo que me resulta más increíble es que le dieran el premio Planeta, no es ni mucho menos lo que podría llamarse una novela "comercial". De hecho la edición está agotada. Tal vez las muchas afirmaciones racistas, sexistas, hirientes hacia los discapacitados y políticamente incorrectas en general tengan que ver con ello. O simplemente que Ramón J. Sender es un autor muy pasado de moda.

La lectura de este libro me ha provocado una curiosa nostalgia hacia la época en la que un autor podía escribir lo que quería, realmente lo que quería, por muy provocador que fuera. Leyendo estos libros de finales de los sesenta y principios de los setenta, se da una cuenta de lo esclavizados que están actualmente los autores a los gustos del público, los estudios de mercado, lo que debe o no debe hacer un autor que quiere pasar por literario e intelectual. O igual es una impresión errónea, y en aquel entonces estaban igual de esclavizados que ahora pero con otro tipo de esclavitudes que son difíciles de detectar a cuarentaytantos años de distancia.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Carroñero, Fernando González Nohra


Gonzalo, el protagonista de esta novela, un escritor que no ejerce aunque se pase horas frente a un cuaderno en la mesa de un café, sin ver, tal vez, que la inspiración que espera pasa por la acera opuesta, como la vida. Y también un amoral con complejo (leve) de culpa, que le teme al amor más que a la vejez. Cuando por fin se encuentra ante la situación ideal que siempre ha requerido para escribir (supervivencia asegurada por un tiempo, ninguna obligación, y hasta una bella mujer dispuesta a soportarlo por un tiempo), Gonzalo descubre que… no se le ocurre nada que valga la pena escribir.
-del prólogo de Carlos Salem-

Fernando González Nohra es un escritor muy peculiar. Su estilo tan personal, a caballo entre lo canallesco y lo poético, es una mezcla que a casi nadie le va a funcionar y que suele acabar cansando al lector a las dos páginas. Sin embargo el protagonista de esta novela, Gonzalo Fernández, aspirante a escritor pese a su bloqueo creativo y fracasado vital a tiempo completo, va a ser capaz de mantener la atención del lector sobre su vida y desventuras de la primera a la última página. La novela Carroñero es un relato en primera persona en el que el cinismo, lo sórdido, lo ridículo, lo poético y lo patético se mezclan en un cóctel irresistible y único que va a divertir, emocionar y asquear al lector a partes iguales.

Por desgracia no se está distribuyendo en las librerías, pero sí lo pueden adquirir en Entrelineas (Entrelíneas Libre-bar: C/ Gonzalo de Córdoba, Nº 3 - 28010 Madrid) y en la propia editorial Quadrivium. Si tienen ocasión de comprar este libro, háganlo. Para ustedes mismos, para regalar a amigos y parientes que no se escandalicen con rapidez, o para todos. Se lo recomiendo, sin duda alguna.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

La memoria del agua, Teresa Viejo


Este libro me lo ha regalado un amigo que estaba interesado en saber mi opinión sobre él. Al parecer se trata de la primera novela de una periodista famosa, y eso hizo que su obra fuera recibida con el escepticismo que merece el enésimo libro de una famosilla. La ventaja de vivir aislada de todo en el destierro es que puedo acceder a la lectura de este tipo de libros sin prejuicio alguno sobre el autor o su obra, y de ahí que mi amigo pidiera mi opinión como observadora de lecturas objetiva y despiadada.

La impresión general ha sido bastante positiva, lo mejor del libro es la buena recreación que sabe hacer la autora del ambiente del Balneario de la Isabela, con personajes, situaciones y diálogos sin anacronismos evidentes y muy creíbles en general. En la primera parte del libro, donde se cuenta la historia del balneario en los años 20, se le dan demasiadas largas a la narración, lo que hace que esta parte del libro resulte por momentos un poco aburrida por repetitiva. La segunda parte en cambio me ha gustado mucho más, tal vez porque al ser de temática más dura, la autora se ha extendido menos en disgresiones y la narración ha ganado con ello en ritmo y agilidad. Y también me ha gustado su manera de enfocar el tema siempre espinoso de la Guerra Civil. Aunque su afán de mostrar las dos caras de toda historia le hace caer en contradicciones a la hora de caracterizar a los personajes, la autora logra dar una imagen verosímil de cómo vivieron muchas personas el conflicto.

En resumen, una buena novela histórica, sobre todo por la ambientación y la buena caracterización de los personajes. Se le pueden encontrar muchos fallos a nivel técnico, pero es una historia interesante y bien contada que sin tener el típico final feliz te deja un buen sabor de boca al terminar la lectura. Y eso ya es mucho. Una agradable lectura al alcance de cualquiera, la recomiendo a todos los lectores que carezcan de prejuicios sobre la autoría de los libros que leen.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La epopeya del bebedor de agua, John Irving

Her gynaecologist recommended him to me. Ironic: the best urologist in New York is French. Dr Jean Claude Vigneron: ONLY BY APPOINTMENT. So I made one.

Hace ya tiempo, cuando era mucho más joven, me leí todos los libros que John Irving había publicado hasta la fecha. Tras esa lectura maratoniana, me quedé con la impresión de que Doble pareja y La epopeya del bebedor de agua eran dos novelas bastante flojas del autor y también de temática bastante similar, sobre problemas de pareja y de adaptación a la vida adulta, chicas grandes con grandes pechos y la ciudad de Viena como paraíso perdido que nunca existió. Los años me han traído la relectura de estas dos novelas y un juicio muy diferente sobre ellas, Doble pareja me pareció aún más floja que en su primera lectura pero La epopeya del bebedor de agua se me ha revelado como una novela realmente inolvidable.

Uno de los triunfos de Irving como novelista es su perfecto dominio de las estructuras narrativas más complejas. Sus novelas son fragmentarias, con saltos adelante y atrás en el tiempo, con personajes que van y vienen y cuyo auténtico rostro no se nos va a revelar hasta bien avanzada la trama. Y a pesar de todo esto son de fácil lectura, el lector nunca se va a perder en la maraña argumental porque el sendero está perfectamente delimitado. En La epopeya del bebedor de agua, esta manera de contar la historia es fundamental en la narración, porque la realidad del protagonista se nos va a ir revelando poco a poco a medida que vamos conociendo su pasado y su realidad actual, qué le ha llevado al estado en el que se encuentra y por qué dejó todo lo que fue dejando por el camino. El protagonista es un hombre de vida muy poco ejemplar, pero toda la novela destila un clima de ternura, comprensión y empatía tan grandes que no queda más remedio que acabar sintiendo simpatía por él.

Un autor menos dotado podría haber terminado cayendo en el melodrama rosa, pero John Irving tiene un estilo y una voz narrativa tan personales y por momentos tan extremos que le impedirán caer en etiquetas fáciles. El resultado es una novela que todo el mundo se puede leer con gusto, un gran libro al alcance de todos los públicos y también un buen libro para lectores experimentados que quieren iniciarse en la lectura en inglés.

viernes, 12 de noviembre de 2010

1q84, Haruki Murakami


La última obra de Haruki Murakami, 1q84, es una trilogía que al parecer está arrasando en ventas en Japón. La versión inglesa aún no ha salido al mercado, y mucho menos la española, pero por esas cosas de la vida que una no se explica sí que han traducido ya al neerlandés los dos primeros libros, y el tercero saldrá en la primavera de 2011.

Por muy inverosímil que parezca, después de leer el primer libro tengo la impresión de que Murakami ha querido escribir con esta trilogía la versión japonesa de Los hombres que no amaban a las mujeres, aderezada con una reinterpretación onírica de 1984 de George Orwell. Los capítulos van alternando las historias de los dos protagonistas (nombrando en el título de cada capítulo al personaje correspondiente, para que el lector no se pierda): Tengo, profesor de matemáticas y escritor en sus ratos libres, y Aomame, monitora de gimnasio y asesina por encargo. La narración es sorprendentemente lineal y casi podría decir racional, y los pocos fenómenos extraños que aparecen vienen provistos de una amplia explicación sobre lo extraños que son estos fenómenos. La trilogía parece pues haber sido expresamente concebida con el objetivo de posicionarla en el mercado de best sellers.

De todas formas, tengo mis serias dudas sobre si el lector de best sellers no se va a aburrir soberanamente con esta obra, las cosas que realmente pasan en esta primera entrega de la trilogía se podrían resumir en un par de líneas. El libro es más bien un enorme prólogo introductorio de la situación y los personajes, que se va desplegando con una enorme lentitud que no carece en absoluto de encanto, pero que no creo que llegue a enganchar a lectores acostumbrados a otro tipo de obras de consumo rápido. A esta lectora omnívora el libro le ha parecido elegante y entretenido, pero de una insoportable ligereza debida quizás al empeño del autor en ofrecer a los lectores una obra a la que no sea necesario hincarle el diente porque ya viene lista para ser engullida.

Alguien me dijo hace poco que cuando yo comento un libro, es como si bajara a la arena y el libro fuera un león al que tengo que vencer y matar, o darme por vencida y dejar que me devore. En esta ocasión el combate ha terminado provisionalmente en tablas, aunque a la espera de una segunda ronda el león tendrá que echar mejores dientes si quiere poder hincarlos en estas carnes lectoras.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La broma infinita, David Foster Wallace (y II)


El escritor americano Jonathan Franzen dijo hace poco en una entrevista que le gusta leer historias que le cuenten cosas sobre sí mismo, cosas que sabe que son ciertas pero que aún no había sabido expresar. Y que por eso se siente mucho menos solo leyendo un buen libro que conectado electrónicamente a otras personas que reaccionen con un “me gusta” a su mensaje anterior. Después de leer este libro tengo que darle toda la razón, La broma infinita ha sido una lectura compulsiva y absorbente que ha sabido ofrecer compañía y consuelo cuando andaba bastante falta de ellos.

La broma de la que habla el título es una broma bien macabra, la crueldad innata de toda relación entre seres humanos que se basa fundamentalmente en hacer sufrir a los otros, de manera activa o por pura desidia, con maldad o con un exceso de bondad, por no prestarles la atención que necesitan o por ahogarlos en un exceso de atenciones. Sufrimos si nos relacionamos y sufrimos si estamos solos, y todos los medios que usamos para mitigar ese sufrimiento (alcohol, drogas, entretenimiento, deporte, aficiones) van a acabar perdiendo su poder y sumiéndonos en un infierno aún peor que aquel del que intentamos huir. Todo esto lo cuenta David Foster Wallace sin acritud, sin moralizar, sin un ápice de autocompasión: las cosas son como son, para todo el mundo, y no hay nada que hacer al respecto. El autor habla sobre las peores miserias humanas con la distancia y el desapego de quien ya lo ha vivido todo en sus propias carnes y ha perdido toda esperanza de redención: no es pesimismo, es resignación ante lo inevitable.

Finalmente he conseguido terminar el libro antes de que el libro terminara conmigo. Pero ha sido por los pelos.

domingo, 24 de octubre de 2010

La broma infinita, David Foster Wallace (I)


Esta novela es una maravilla tal de extensión e intensidad que me resulta imposible esperar al final de sus mil y pico páginas para empezar a comentarla. La historia que se cuenta en ella es caleidoscópica e intensa, y no está de más hacer un alto en la lectura para tomar aliento y poner las ideas en orden. Porque hay una buena historia en La broma infinita, muy buena incluso, y es una lástima que la mayoría de los comentarios a esta novela la califiquen de azarosa e incomprensible. La lectura es densa y exigente, pero ni mucho menos inalcanzable.

Todo gira en torno a la familia Incandenza, padre, madre y tres hijos. El inicio del libro nos muestra más bien los despojos de la familia, con el padre muerto y los hijos en diferentes estados de desintegración mental. Cuando a continuación la historia retrocede y se nos van narrando en escenas sueltas y aparentemente inconexas los sucesos ocurridos los años anteriores, las piezas del puzle irán cayendo poco a poco en su sitio. La familia vive en la escuela para jóvenes tenistas de élite regentada por los padres y donde estudian y entrenan los hijos, la acción se sitúa en un momento indeterminado de un futuro próximo en el que cada año está patrocinado por una marca comercial que le dará nombre. Y la hegemonía estadounidense en América del Norte es total, aunque los francófonos de Quebec se organizan en grupos combativos de liberación de distinta índole.

Como telón de fondo van apareciendo las historias y testimonios de una serie de personajes aparentemente disconexos pero cuya relación con la trama principal se irá revelando sobre la marcha. Todos estos personajes tienen en común sus problemas de adicción al alcohol o a diferentes drogas, sus deseos de deshacerse de esta adicción, y la imposibilidad de conseguirlo que los lleva al borde del suicidio y más allá. Estas situaciones tan desgarradoras se describen con la empatía y el detallismo que caracterizan el estilo del autor, quien sin duda sabía de qué hablaba cuando hablaba de desesperación y suicidio. Pero el autor igualmente sabe introducir en la mayoría de sus páginas un humor que llega a ser satírico pero nunca cínico, que aligera el peso de las tragedias personales que narra y al mismo tiempo aumenta su credibilidad al alejar todo rastro de melodrama o ejemplo moralizante. Hay mucho del estilo del mejor Tarantino en los diálogos y en la manera de construir la historia, aunque la obra de Foster Wallace resulta bastante más sustanciosa de contenido.

Después de haber leído un tercio de la novela, mi impresión sobre ella no podría ser más positiva. Pero intento contener mi entusiasmo mientras sigo leyendo, que aún queda mucho libro por delante.

viernes, 15 de octubre de 2010

Jardín de cemento, Ian McEwan


Sinopsis del libro:
En una casa aislada de los suburbios de Londres vive un familia como cualquiera otra, hasta el día en que fallece el padre y los hijos deben asumir la gestión de la casa y de sus propias vidas, ya que la madre padece una grave enfermedad que la obliga a permanecer encerrada en su cuarto. Esta repentina ausencia de la autoridad lleva a esta pequeña comunidad de adolescentes a crear un nuevo sistema de vida, que los convierte en seres extraños, ajenos a las normas que rigen una sociedad patriarcal como la nuestra. ¿Cómo afrontarán el despertar del sexo, la muerte, la convivencia, la justicia, la violencia ? Contada por el hijo de 16 años, esta historia es, según el autor, “un relato, algo estremecedor, acerca de las cadenas edípicas que a la vez amenazan y cimentan las relaciones familiares”.

Hacía ya tiempo que tenía pendiente la lectura de este libro de McEwan y que según algunos es mejor que Amsterdam, obra con la que consiguió el Booker Prize. Tengo que decir que a mí me han gustado los dos libros por igual, salvando las enormes diferencias entre ambas novelas. Una de estas diferencias es que Amsterdam tiene una trama y un final cerrados y unívocos, queda bien claro qué quería decir el autor y cuál es su conclusión, mientras que Jardín de cemento deja un montón de dudas tras su lectura, o al menos a mí me las ha dejado.

El ambiente de la novela es puramente onírico, producido en buena parte por el punto de vista exclusivo del quinceañero Jack como narrador muy subjetivo y con una visión de la realidad dominada por sus hormonas desbocadas. ¿Hasta qué punto podemos considerar como “reales” los hechos que ocurren en este libro? La transgresión de tabúes sociales que se nos ejemplifica en la historia es evidente, la pregunta es si tal transgresión no va a ser más bien producto de la imaginación desbocada de un adolescente, que en varias ocasiones confiesa no saber bien dónde acaban las pesadillas que le acosan cada noche y dónde empieza su vida diaria.

El gran acierto de esta obra es, sin duda alguna, la plasmación tan certera que hace del mundo mental de la adolescencia, los hechos que se nos narran son las fantasías destructivas adolescentes llevadas a la realidad. O a la pseudorealidad, que de eso no termino de estar muy segura. Aunque la verdad es que en el fondo poco importa.

viernes, 8 de octubre de 2010

Camino de sirga, Jesús Moncada


Esta novela me la regalaron hace un par de años, y hasta ahora no me había atrevido con ella porque al leer que trataba sobre la desaparición de un pueblo de la cuenca del Ebro por la construcción de un pantano, la imaginaba como un drama costumbrista. Y efectivamente, es un drama costumbrista sobre este tema, pero con el foco en lo costumbrista y mucho menos en lo dramático. El humor y la ironía son los vehículos de los que se sirve el autor para hacer el retrato de la gente de este pueblo, una galería de tipos a cual más extravagante, tierno y entrañable. La caracterización tan ágil y amena de los habitantes es lo mejor del libro, y lo que hace que se lea con mucho gusto.

Ahora vienen los peros.

Lo primero la estructura: el autor ha elegido construir su historia sobre una especie de realismo mágico en el que los últimos habitantes van recuperando los recuerdos de los tiempos pasados mientras pasean por las calles del pueblo condenado en los últimos días antes de que desaparezca bajo las aguas del nuevo pantano. Una estructura no excesivamente original que interrumpe el hilo de la narración en un vaivén del pasado al presente que entorpece innecesariamente la lectura. La forma elegida para narrar la historia, un costumbrismo irónico y caricaturesco, se habría servido mejor de una estructura narrativa lineal en la que la evolución del pueblo hacia su defunción final habría quedado más de relieve.

Otro pero,y para mí el peor defecto de la novela, es que Jesús Moncada no se limita a hacer un retrato de una gente y una época desaparecidas, sino que detrás de esta crónica introduce un punto de vista muy determinado e inflexible sobre la sociedad y los hechos históricos que retrata. El reparto de papeles entre buenos y malos está ya decidido de antemano y no va a haber medias tintas al respecto. Los señores son todos los arrogantes descendientes de sinvergüenzas que se hicieron ricos aprovechándose del prójimo, mientras que la gente del pueblo llano son todos sin excepción unas estupendas personas. Los tres primeros decenios del siglo XX en el pueblo se plasman como una especie de paraíso terrenal y época inocente en la que todo el mundo vivía en armonía, los anarquistas solamente les ponían bombas a los señores que se las merecían, y los obreros eran felices en su sencillez de vida en la que no parecían sufrir privaciones. La miseria de la gente empezará tras la guerra civil, el franquismo será la época negra del pueblo en la que la injusticia, el oscurantismo y la represión lo dominarán todo e impedirán que la gente pueda volver a ser feliz. Incluso la construcción del pantano se describe como un complot del régimen franquista para castigar al pueblo por sus ideas republicanas. Y todo esto, me parece, es llevar las cosas demasiado lejos. Los hechos históricos no son tan monocromáticos como se pretende hacer ver en esta obra, y esa rigidez de miras me ha hecho perder parte del placer que la lectura de este estupendo libro me ha proporcionado.

viernes, 1 de octubre de 2010

Pastoral americana, Philip Roth


Philip Roth es un escritor que consigue irritarme profundamente con sus libros. No con todos, pero sí con la mayoría de ellos. Y el caso es que lo sigo leyendo, aún sabiendo de antemano los disgustos tan gordos que me voy a llevar con su lectura, quizás porque prefiero las opiniones incorrectas y no edulcoradas a la corrección tan educada y tan vacía que nos rodea en la actualidad.

En Pastoral americana, Roth se nos presenta de una manera atípica en él. Esta vez hace un retrato de una persona con la que tiene poca identificación personal, el protagonista Seymour “Swede”Levov es un judío de Newark que gracias a su buen aspecto, sus éxitos deportivos y su talento para los negocios consigue ascender socialmente y codearse con las clases altas norteamericanas. La personificación del sueño americano, hasta que su vida perfecta se ve interrumpida cuando su hija se convierte en una terrorista política contra la guerra de Vietnam.

¿Cómo es posible que la hija de padres tan privilegiados, tan perfectos, tan americanos, pueda llegar a convertirse en alguien que pone bombas contra su propio pueblo? Esta es la pregunta que domina toda la novela, y a la que se intenta contestar desde diversos puntos de vista. El del padre cuyo mundo se ha venido abajo. El de la madre que consigue sobrevivir reinventándose a sí misma. El de los amigos con ideas izquierdistas, el del abuelo judío que no entiende nada de lo que está pasando en el mundo, el de los otros activistas antisistema. Pero nadie consigue dar una respuesta satisfactoria a la pregunta que cierra el libro: ¿Qué hay de malo en sus vidas? ¿Qué puede haber menos condenable que el modo de vida de los Levov?

La respuesta tal vez la había dado ya el propio autor algunas páginas antes, describiendo el Día de Acción de Gracias cuando las familias católica y judía conseguíann reunirse una vez al año alrededor de la misma mesa y compartir la misma comida. Una pastoral americana por excelencia que solamente duraba veinticuatro horas, un sueño americano que se vino abajo porque nunca existió en realidad.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Vidas poco ejemplares














Acabo de leer casi seguidas dos novelas de juventud y aprendizaje escritas por dos autores separados por el tiempo, la distancia, el estilo y la actitud vital. Curiosamente ambas novelas cuentan la misma historia de desarraigo del artista en ciernes hacia todo lo que le rodea, su familia, sus amigos, su patria. Pero es muy significativo el enfoque tan diferente que tienen estos autores a la hora de contar la misma historia.

En el Retrato del artista adolescente, con su personaje Stephan Dedalus James Joyce creó un alter ego de su juventud en Dublín, que le serviría para modelar literariamente sus difíciles primeros años de vida. La novela termina en el momento en que Stephen está a punto de empezar a vivir su propia vida en París. Después de no haber sido capaz de identificarse ni con una patria que vendió su idiosincrasia al invasor británico, ni con un idioma (el inglés) que considera extranjero y prestado, ni con una religión en la que pensó encontrar refugio pero a la que no fue capaz de someterse, se dispone a crear su propia raza fuera de su tierra y con la única compañía de su espíritu. Un final lleno de optimismo, de liberación de las cadenas del entorno por medio del arte.

Casi cien años después, J.M. Coetzee escribió en Juventud la historia de su salida de Sudáfrica a los veinte años para ir a escribir y a trabajar a Londres, huyendo de su familia y del régimen del apartheid a los que despreciaba por igual. El joven Coetzee ni ama ni admira a su país, se avergüenza de ser sudafricano y de que el afrikaans sea su auténtica lengua materna. Su máxima ambición es llegar a ser un artista literario, algo que está convencido que solamente podrá llegar a ser en una ciudad artística como Londres (o París, quizás Viena). Con la mirada penetrante y certera de un científico, el autor nos va diseccionando la vida, el trabajo y la fibra moral del joven John, sus incapacidades sociales y laborales, el fracaso de sus ambiciones literarias y amorosas. Y con un enorme desapego hacia lo que fue su vida, Coetzee va haciendo un análisis implacable del porqué de las deficiencias de su personalidad, llegando a conclusiones tan acertadas como demoledoras.

Si en la época de Joyce aún era posible el sueño de convertirse en artista en una ciudad como París, Coetzee echa por tierra la ilusión de que vivir en ciertas ciudades míticas del mundo sea la puerta de acceso a la condición artística. A esa misma conclusión también llegaron, cada uno a su manera, otros escritores contemporáneos como Vila-Matas en “París no se acaba nunca” y Julio Cortázar en “Rayuela”. Al joven artista de hoy parece no quedarle otra salida que permanecer en casa y escribir un blog, y eso es algo que no va a dar mucho de sí a la hora de escribir una buena novela de aprendizaje.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Memorial del convento, José Saramago


En 1717, el rey Juan V de Portugal, en cumplimiento de una promesa por haber conseguido tener descendencia, mandó construir en la ciudad de Mafra un convento que acabaría siendo palacio y uno de los principales monumentos del país. Pero el memorial que hace Saramago en esta novela no es tanto el del convento que le da título como el de una época y el de un pueblo, el portugués. Con una realeza y un clero altivos, orgullosos de su poderío yentregados a los placeres terrenales y a la perpetuación de su gloria, la gente deeste pueblo empobrecido hace lo que puede para sobrevivir todas las calamidades que le sobrevienen y ser moderadamente feliz a pesar de todo. Sobre todo si consiguen encontrar un amor y un sueño que llenen sus vidas, como fue el caso de los protagonistas Baltasar Sietesoles y Blimunda Sietelunas, que si no llegaron a tener otra cosa sí que se tuvieron el uno al otro y el sueño de construir una máquina capaz de volar.

Este memorial podría haber adquirido voces muy diferentes, pero el autor ha elegido la voz del juglar ambulante, la de los romances y leyendas orales que se cuentan a la luz de la lumbre. Es una narración que fluye con pocas pausas, con ese estilo tan peculiar que utiliza Saramago para contar sus historias y salpicado esta vez con comentarios, pensamientos y apartes del narrador invisible. Un narrador claramente anticlerical, que denuncia la lascivia escondida tras la máscara de la piedad y la beatería, los milagros falsos en los conventos mientras los verdaderos milagros se toman por brujería y son condenados por el Santo Oficio. Así, sin Iglesia bajo la que ampararse y con un Dios que no da señales de vida, la gente del pueblo tiene que negociar directamente con los santos para poder luchar contra el mal que acecha tras cada esquina, y construye de esta manera una religiosidad muy peculiar pero que para el narrador es mucho más auténtica que la de este convento que se construye en pago a un favor supuestamente divino al rey.

Quien hoy visite el Palacio de Mafra, se encontrará con un edificio imponente lleno de riquezas y obras de arte, y nadie se parará a pensar en los miles de trabajadores anónimos que lo hiceron posible. Esta novela quiere convertirse en el memorial de estos hombres sin nombre:
todo cuanto es nombre de varón va aquí, todo cuanto es vida también, sobre todo si es atribulada, principalmente si es miserable, ya que no podemos hablarles de las vidas, por ser tantas, dejemos al menos aquí escritos sus nombres, ésa es nuestra obligación, sólo para eso escribimos, para hacerles inmortales (pg 295)

viernes, 3 de septiembre de 2010

Campos de Londres, Martin Amis


No hay remedio: lo mío con Martin Amis es un amor imposible. Me gusta la persona, me gusta el escritor, me gusta su sentido del humor tan incisivo y lacerante. Pero tengo un serio problema con sus libros, y es que no los entiendo.

Mi primera y única incursión anterior con la literatura de Amis fue hace más de veinte años con Dinero, su novela más famosa, y me supuso tal shock de incomprensión que juré no volver a leerme nada suyo mientras me acordara. Si me he leído London Fields ha sido porque todo lo bueno que se dice sobre este autor me convenció de que ahora en la madurez estaría yo mejor dotada intelectualmente para comprender los entresijos narrativos de sus obras, y pensando que leerlo en el idioma original también podría ayudar. Pero por desgracia, no ha sido así. London Fields es un buen libro, sin duda alguna, pero yo no veo por dónde cogerlo. Es una novela apocalíptica sobre el fin del mundo, el fin del amor, el fin de la civilización, del ser humano, de todo, hasta ahí llego. Pero no entiendo nada de la trama, ni de los personajes, ni de sus motivaciones, y mucho menos del final.

Dos intentos de aproximación a Martin Amis, en dos épocas diferentes,dos países diferentes y dos idiomas diferentes. Y los dos intentos han acabado igual de mal. El nuestro es un caso evidente de incompatibilidad de caracteres.

sábado, 28 de agosto de 2010

Bilbao-New York-Bilbao, Kirmen Uribe


En Bilbao-New York-Bilbao escribe Kirmen Uribe lo siguiente sobre el proceso de gestación de su novela:

La idea había tomado cuerpo, y al final se estructuraría en torno a un vuelo entre Bilbao y Nueva York. El reto consistía en hablar de tres generaciones distintas de una familia, sin volver a la novela del siglo XIX. […] pensé que yo debía mostrar lo que hay detrás de una novela, enseñar todos los pasos que se dan a la hora de escribirla. Las dudas, las incertidumbres. Pero la propia novela no aparecería en la novela. Tan solo el lector podría intuirla, como intuye el espectador el retrato de los reyes que pinta Velázquez en las Meninas.

Por suerte yo no sabía nada de esto cuando compré el libro, porque en tal caso no creo que lo hubiera comprado. Me gusta muchísimo la literatura de vanguardia, la novela experimental. Pero no me gusta esa moda actual de romper cada novela que se escribe, de “deconstruir” la novela en unidades moleculares sin olor, color o sabor alguno a literatura. Por fortuna, eso no ocurre en esta novela, que resulta sorprendentemente amena y fácil de leer. El autor no renuncia a contar su historia, a lo que renuncia es a la narración lineal con principio y fin porque la suya es una historia que no empieza ni acaba nunca. Es la historia de sus abuelos, de sus padres, y de él mismo, la historia que continuará con su hijo y que en realidad es una historia de mucha gente de diferentes países y de distintas lenguas, aunque su núcleo se sitúe en el pueblo de Ondarroa y su idioma sea indiscutiblemente el euskera.

Uribe ha tenido el gran acierto de saber ver todo lo que de universal hay en las historias más locales de su famila. Esta saga familiar ejemplifica cómo ni las señas de identidad ni la ideología de cada uno tienen que impedir el entendimiento entre las personas cuando este se basa en el respeto mutuo, porque como bien le decía al autor su tía Maritxu: una cosa son las ideas y otra el corazón.

lunes, 23 de agosto de 2010

Se está haciendo cada vez más tarde, Antonio Tabucchi


Este libro no es fácil de leer, porque más que un libro es un estado de ánimo. En esta recopilación de cartas sin fecha que unos hombres escriben a las mujeres que amaron y perdieron (algunos sin haber llegado siquiera a conseguirlas) domina una melancolía agridulce por las cosas pasadas, o las cosas que podrían haber pasado si. Pero esta melancolía no es sinónimo de tristeza, las cartas están llenas de olores, colores y sabores, de sensaciones, de música y de paisajes, de referencias literarias y de vulgarismos populares. Rebosan de una vitalidad que convive con la resignación de que la vida pasa y se nos escapa lo mejor de ella sin que siquiera lleguemos a darnos cuenta. Las cartas hablan de historias de amor y desamor que tal vez al final resulten ser la misma historia en diferentes lugares y bajo nombres distintos. O tal vez no.

Dice el autor en la nota final del libro:
A veces puede ocurrir que nos escribamos a nosotros mismos. Y no estoy hablando de ficciones, a menudo sublimes, de las que fueron capaces algunos escritores del pasado; digo cartas de verdad con su sello y su matasellos. A veces ocurre que se escribe a los muertos. No sucede todos los días, lo admito, pero puede suceder. Y podría ser que los muertos nos hayan contestado, en una determinada forma que sólo ellos saben. Pero lo que más inquieta y roe como una carcoma testaruda metida en una vieja mesa imposible de hacer callar salvo con un veneno que nos envenenaría a nosotros también, es la carta que nunca hemos escrito. «Esa» carta. Esa que todos nosotros hemos pensado siempre en escribir, en ciertas noches de insomnio, y que siempre hemos aplazado para el día siguiente.

sábado, 21 de agosto de 2010

La Orden del Finnegans


¿Qué es lo que tienen los hombres con los clubs? Me refiero a ese espíritu corporativista tan particularmente masculino que les lleva a agruparse bajo un equipo, una marca de coche o de cerveza, un determinado estilo de música o una cofradía de Semana Santa: cualquier excusa es buena para aliarse con espíritus afines y distanciarse así de “los otros”, los de fuera, los que no pertenecen a tan selecta congregación.

La Orden de los Finnegans es un miniclub exclusivo y excluyente de seis escritores (hasta la fecha) unidos por su admiración hacia el Ulises de James Joyce, que se reune cada 16 de junio en Dublín para celebrar el Bloomsday y supuestamente rendir homenaje a esta novela de Joyce, aunque sospecho que los principales homenajeados son ellos mismos. Este libro fue una tarea que se autoimpusieron en su última reunión en el Finnegans que les da nombre, y que resultó no ser la novela de Joyce sino un pub irlandés. El libro resultante es tan variable como la calidad de los autores que han intervenido en su producción, pero el balance final no está nada mal para un libro de tan escasas páginas y en mi caso incluso regalado.

Leer este libro me ha enseñado que la escritura de Enrique Vila-Matas es como uno de esos tests de agudeza visual, donde lo que para unos es una masa informe de puntos para otros forma una figura de singular belleza, y la diferencia radica en cómo se mira. También me ha confirmado que José Antonio Garriga Vela es un peazo de escritor, así con todas las letras. Y se me ha despertado una curiosidad casi malsana por la obra de Jordi Soler, autor totalmente desconocido para mí hasta la fecha. Y sobre las fobias literarias personales que se me han confirmado con esta lectura prefiero guardar silencio, para no romper el tono amable y cordial de esta entrada.

jueves, 19 de agosto de 2010

The Crow Road, Iain Banks


Este ha sido una de mis lecturas más gratificantes de este verano. Un libro que combina una saga familiar escocesa de finales del siglo XX con enormes dosis de humor e ironía, mucha música de los 80, una ligera trama detectivesca y una especie de historia de amor. Y mientras tanto vamos asistiendo a cómo Prentice McHoan, un estudiante de Historia de 20 años que no termina de encontrar su sitio en la vida ni en su familia, deja de ser un niñato insoportable y se convierte por fin en un hombre.

Un libro que emociona, entretiene, intriga, divierte y denuncia, y un libro que recomendaría encarecidamente a todo el mundo si no fuera por el hecho de que a ninguna editorial se le ha ocurrido todavía la feliz idea de traducirlo al español. Como diría el propio Prentice: what a crying shame!

martes, 17 de agosto de 2010

Los libros del instituto


De visita en Málaga hace unos meses, fui de librerías como de costumbre con mi amiga MCC, quien comentó al ver la lista de obras de teatro del Siglo de Oro que estaba buscando: “¡Te estás comprando todos los libros del instituto!”. Se refería naturalmente al instituto de nuestros tiempos, el de los años ochenta del pasado siglo, cuando los profesores todavía podían imponer lecturas clásicas a sus alumnos sin que los padres los llevaran ante el Tribunal de La Haya. Y nosotros los jóvenes de entonces nos leíamos esos libros con mucho, poco o nada de gusto, pero no nos traumatizábamos por ello. La verdad es que fuimos una generación muy poco traumatizable por la cuenta que nos traía.

Volver ahora al teatro del siglo XVII sirve para poner en perspectiva estas obras y acabar con muchos de los prejuicios que tenemos sobre ellas, y uno de los prejuicios más persistentes es pensar que la tragedia es un género superior a la comedia. Los dramas históricos y de honor serian las obras cumbre de Lope, Calderón y Tirso, mientras que sus comedias serían meros productos de entretenimiento. Pero lo cierto es que muchos de sus dramas más celebrados eran obras de encargo, propagandísticas, destinadas a enaltecer a la monarquía o a miembros de la nobleza por medio de la recreación subjetiva de determinados sucesos históricos, como ocurre en Fuenteovejuna de Lope de Vega. O como en el caso de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, estos dramas tenían una misión moralizadora como vehículo de valores como el respeto a la autoridad paterna, monárquica y divina.

En las comedias, en cambio, los autores se veían libres de las trabas impuestas por las estrictas normas sociales del Siglo de Oro. Al ser un género “menor”, no importaba que las mujeres tuvieran un papel activo en la trama, que las normas del honor se vieran restablecidas mediante engaños, o que la autoridad fuera burlada sin castigo alguno. Las comedias podían a llegar a ser obras realmente subversivas, que se atrevían a poner de manifiesto impunemente los peores defectos de la sociedad de su momento. Un buen ejemplo de ello es La dama duende de Calderón de la Barca, donde se critican las creencias supersticiosas del pueblo, pero que también plasma la situación de la mujer viuda en el XVII, condenada a un luto riguroso y a un encierro de años muchas veces en plena juventud. Llama la atención en estas comedias el carácter tan activo, inteligente y asertivo que tenían las figuras femeninas, mientras que en la sociedad estaban condenadas a un férreo dominio por parte de padres, hermanos y esposos. Por suerte tal domino parece no haber sido suficiente para acabar con el carácter bravío de nuestras tatarabuelas de antaño.

sábado, 14 de agosto de 2010

Austerlitz, W.G. Sebald


Un primer intento de lectura de este libro lo hice en neerlandés, que es un idioma muy próximo al alemán del original, pero que justamente por ello le daba a la obra un carácter tan germánico que tuve que abandonar esta lectura apenas empezada, no podía con ella. Sin embargo, al darle una segunda oportunidad al libro en español, la diferencia ha sido brutal. No sé si es que me ha pillado en mejor momento lector o si el idioma realmente influye tanto, pero lo que en la anterior lectura me resultaba pesado y farragoso, ahora ha sido de una ligereza encantadora. Se ve que cada libro tiene su momento, su lugar, e incluso su idioma.

Todo lo que se narra en casi trescientas páginas de texto y fotografías queda resumido en esta tremenda afirmación del protagonista:
En algún momento del pasado, pensé, he cometido un error y ahora estoy en una vida falsa.

Jacques Austerlitz siente un desarraigo total y absoluto hacia el mundo en el que vive y hacia sus semejantes. Pero aunque densa, no es esta una novela dramática ni Austerlitz es un personaje maldito o atormentado. Su sufrimiento es un dolor extremadamente culto y elegante, mucho más británico que germánico en realidad. El protagonista no nos cuenta su vida, sino sus opiniones y reflexiones sobre los sucesos que le han ocurrido a lo largo de su vida. Esta novela es una autobiografía subjetiva, comentada e ilustrada, bastante fragmentaria e incompleta pero de una lacerante sinceridad humana.

Austerlitz es una novela más melancólica que deprimente o confrontante, por muy duros que sean los pasajes en los que se narra la suerte que corrieron los judíos de Praga tras la invasiópn nazi. El mundo al que pertenecía Jacques Austerlitz, el mundo en el que se sentía integrado, se perdió para siempre durante la guerra, y todos sus intentos de recuperarlo por medio de recuerdos, fotografías e investigaciones bibliotecarias van a ser inútiles, tan inútiles como serán sus intentos de encontrar su lugar en este nuevo mundo que ya no es el suyo.

Me alegro mucho de haberle dado una segunda oportunidad a este libro.

martes, 10 de agosto de 2010

París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas


Una de mis manías que llega a rozar la rareza es la de buscar libros con el nombre de la ciudad que voy a visitar para llevarlos como lectura de viaje a ese lugar. La acción no tiene por qué transcurrir en ese lugar, a Amsterdam me llevé Amsterdam de Ian McEwan en el que la ciudad solamente aparece de pasada en las escenas finales del libro. El único requisito es que el nombre del lugar aparezca en el título. Esta fue la razón fundamental que me hizo elegir París no se acaba nunca como lectura para mi viaje a París, sin sospechar que un libro elegido de forma tan inconsciente iba a desencadenar unas reacciones tan intensas.

Mi relación con Vila-Matas ha sido hasta ahora ambigua. He leído varios libros suyos, unos me han gustado más que otros, pero no conseguía entender la idolatría que este autor despierta en sus seguidores más fervientes. En sus peores momentos llegaba a resultarme repetitivo y cargante, alguien que ha tenido éxito con un truco narrativo determinado y lo repite hasta la saciedad. Mi actitud al empezar este libro era pues cuanto menos escéptica.

Pero esta vez los astros estaban en una conjunción propicia, o París le presta un aura especial a todo, o simplemente he tenido una hora tonta: no sé por qué habrá sido, pero esta lectura me ha revuelto el alma como muy pocas han conseguido hacerlo. Tal vez haya sido la identificación de los ambientes de la novela, el estar paseando estos días por los mismos escenarios que se describían en el libro. O quizás fue la ironía tan tierna con la que Vila-Matas se pone como modelo de las peores imposturas de la bohemia parisina de Saint-Germain-des-Prés, la pose y el elitismo que le movió en su juventud a querer vivir como sus modelos y que solamente le llevó a vivir en la pobreza y la precariedad.

No sé por qué motivo, esta vez el libro leído y la ciudad visitada se han compenetrado en una simbiosis perfecta. Terminé de leerlo en el Jardin de Luxembourg, rodeada de gente razonablemente normal que leía, escribía charlaba o dormía la siesta en las sillas que hay esparcidas por todos los parques de París. Era un domingo por la tarde, el sol brillaba pero no hacía demasiado calor, y durante un par de horas conseguí ser irracionalmente feliz. Creo que no se puede pedir más de un viaje, o de un libro.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Mentira, Enrique de Hériz


¿Por qué le damos tanto valor a la verdad? Si la verdad es dolorosa, ¿no es mejor creernos nuestras propias mentiras, formándonos una realidad personal que resulte más llevadera? La mentira como paliativo ante el dolor de vivir, ese es el tema central de esta novela. Y como es una novela y no un tratado filosófico o moral, estos postulados vienen de la mano de la historia que se nos cuenta, una madre antropóloga desaparecida en la jungla a la que se da por muerta, y una hija en proceso de duelo que se encarga de reconstruir la historia real o ficticia de la familia. Las narraciones en primera persona de estos dos personajes femeninos se van alternando para ofrecernos las dos caras de la misma historia: la una conoce las mentiras y se las calla, la otra anda en busca de la verdad pero no sabe qué va a hacer con ella cuando la encuentre.

Esta reconstrucción familiar a dos voces es un recurso narrativo muy acertado del autor, quien arriesga bastante al intentar recrear de manera verosímil dos conciencias femeninas tan dispares. Pero conforme avanza el libro las redundancias narrativas se vuelven excesivas, y hacia el final la historia se le va yendo de las manos al autor. Me parece que lo perdió la ambición, la trama llegó a un punto en el que el autor no supo ya cómo resolverla y acabó haciéndolo por la vía expedita. Es una novela llena de magia y realismo, de grandes historias y personajes cotidianos que conviven en una extraña armonía, y se la recomiendo a todo el mundo. Pero no es la gran novela que sí es Manual de la oscuridad, donde el autor no solamente cuenta una buena historia sino que además la cuenta muy bien. En Mentira, Enrique de Hériz no supo construir una novela a la altura de la gran historia que estaba contando. Una pena.

sábado, 31 de julio de 2010

Los amantes de silicona, Javier Tomeo


Había oído hablar muy bien de Javier Tomeo a amigos lectores de cuyo criterio me suelo fiar bastante. Este autor era totalmente desconocido para mí (esto de no leer los suplementos culturales de los periódicos españoles es un sinvivir) así que andaba yo con ganas de echar mano a alguno de sus libros. El único que conseguí encontrar fue Los amantes de silicona, con una portada horrorosa y un argumento sin interés alguno, pero me arriesgué a probar qué tal.

Qué pena de quince euros, esta es la sensación más poderosa que me ha dejado la lectura del libro. Está bien escrito, cierto, y es divertido, también es verdad, pero sus páginas darían como mucho para rellenar con lectura intrascendente el suplemento dominical de algún periódico en agosto. Si me compro un volumen de la colección Narrativas hispánicas de Anagrama espero recibir por mi dinero algo más sustancioso.

Me gustaría decirle al autor que me parece un buen escritor, y que estoy segura de que tiene otras obras que merecen mucho la pena. Pero señor mío, me he quedado con la desagradable sensación de que con este libro me ha tomado usted el pelo.

jueves, 29 de julio de 2010

El laberinto sentimental, José Antonio Marina


Cuando elijo yo misma mis lecturas suelo moverme en terreno seguro, por eso me gustan las sorpresas y los desafíos en los libros que me regalan. Quien hace poco tuvo la loca idea de regalarme El laberinto sentimental de José Antonio Marina cumplió con creces ambos requisitos, consiguiendo incluso que dejara de lado los muchos libros que tengo en lista de espera para ponerme de inmediato con su lectura.

Ya lo he terminado, y la impresión más fuerte que tengo sobre este libro es de desconcierto. No sé si me ha gustado o no, si me ha parecido un libro que abre nuevas perspectivas a los conceptos de sentimiento e inteligencia, o una repetición deshilvanada de teorías ajenas sin conexión alguna El autor ha compuesto su libro con un estilo muy peculiar, hace uso de diversas disciplinas (la psicología, la lingüística, la antropología, la literatura) sin profundizar en ninguna de ellas, y la presentación de las ideas es tan laberíntica como el propio título anunciaba. Aunque al final de cada capítulo se hace una especie de recapitulación de lo tratado en él, el camino ha sido tan sinuoso que el lector apenas sabe ya dónde está y adónde se suponía que se dirigía ese sendero.

El libro aporta ideas, visiones y reflexiones muy válidas e interesantes, la lectura es tremendamente amena y Marina consigue que conceptos bastante oscuros y complejos se vuelvan accesibles para todos. Es lo caótico de la presentación lo que menos me ha gustado de la obra, esa huida sistemática del camino recto que acaba haciendo que no se sepa cuál es realmente el punto de llegada, si es que lo hay. Pero a pesar de todo pienso repetir con el autor, que el paquete de mi regalo también incluía su Diccionario de los sentimientos y ese es otro desafío que no pienso dejar de lado.

martes, 27 de julio de 2010

In memoriam


Se llamaba M.R.P. pero todos la conocíamos como Wara, la estrella más brillante. Era gallega, era una escritora de un talento extraordinario, era una persona absolutamente entrañable. Y era mi amiga.

En este blog han quedado algunos comentarios de ella a libros que le regalé, que me regaló o que leímos juntas. Pero ya no habrá más comentarios de ella, ni podré volver a mandarle esos libros raros que tanto me gustaban y que sabía que ella también iba a saber apreciar.

Por eso, nada de literatura esta vez. De toda la música que compartimos, Wara, siempre recordaré tus reparos a la hora de colgar algo de Led Zeppelin. "Nos van a echar a pedradas", decías. Pero hoy no me valen las excusas: vamos a hacer resonar Stairway to Heaven a toda caña. Que en mi blog mando yo, y tú ya te encargarás de dar las explicaciones que sean necesarias allá en el cielo.

domingo, 25 de julio de 2010

Ladrones de tinta, Alfonso Mateo-Sagasta


Este libro ha sido un regalo que llevaba ya tiempo esperando el momento de poder llegar a mis manos. Este hecho, unido a todo lo bueno que he oído sobre él y al argumento tan atractivo, hizo que me lanzara a devorar sus páginas a la primera oportunidad. Y me ha gustado, sí, y mucho, aunque con algunas reservas.

El resumen del argumento es el siguiente:
Diez años después de que Francisco Robles editara la novela titulada El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, un tal Alonso Fernández de Avellaneda se atreve a sacar una segunda parte. Robles, furioso porque un avispado le pise un negocio por el que lleva años luchando, encarga a Isidoro Montemayor, uno de sus empleados, que encuentre al tal Avellaneda para ajustarle las cuentas.

Como novela de intriga literaria, este planeamiento es muy tentador y está basado en uno de los grandes misterios de nuestras letras: ¿quién fue Avellaneda, y qué le llevó a escribir una segunda parte del Quijote tan denigrante hacia Cervantes y sus personajes? Al principio la novela sigue esta pista argumental con gran rigor, pero conforme avanza la historia al autor se le va yendo un poco de las manos el argumento, se le va complicando con nuevos hilos que poco o nada tienen que ver con la historia principal y que se resuelven con desigual fortuna. Por suerte la novela nunca llega a descarrilar, el autor consigue mantener el control sobre su obra pero no puede evitar algunos altibajos que deslucen el conjunto.

En su búsqueda del tal Avellaneda, las andanzas de Isidoro Montemayor irán trazando un magnífico fresco de la sociedad de Madrid a principios del XVII, donde el autor demostrará su gran talento para la recreación de ambientes históricos y su buen ojo para el detalle cotidiano. Estas cualidades dotarán de credibilidad y profundidad a esos ambientes descritos en toda su crudeza, y elevarán la novela por encima de la superficialidad histórica habitual en este tipo de escritos. Por si eso fuera poco, los principales personajes históricos y literarios de la época formarán parte fundamental de la historia, tanto en persona como por referencias. Eso de dejar que Lope de Vega y Cervantes representen un papel protagonista en la narración, y que otros poetas de renombre como Góngora, Quevedo y Villamediana también hagan personalmente su aparición, es algo tan atractivo como arriesgado. El autor se mueve aquí en un terreno muy resbaladizo, pero logra hacer un retrato muy coherente de estos autores, dotándolos de una dimensión humana y desmitificadora que al mismo tiempo deja intacta toda su dignidad como grandes de las letras.

Una lectura veraniega de alta calidad, muy recomendable. Una novela entretenida, original, bien escrita, y para todos los amantes de la literatura del Siglo de Oro y de la novela de intriga histórica uno de esos libros que se suelen calificar de “imprescindibles”. Y una elección estupenda para regalar, doy fe de ello.

lunes, 19 de julio de 2010

Chicos prodigiosos, Michael Chabon


Michael Chabon cuenta que empezó a escribir esta novela cuando llevaba más de cuatro años y mil quinentas páginas de lo que tenía que convertirse en su segunda novela pero que no iba a ninguna parte. Tras el éxito de Los misterios de Pittsburgh, la presión de tener que presentar al mundo una novela que colmara las expectativas de sus editores y su público le impedían reconocer que su nueva obra era un fracaso. Hasta que un día tuvo una visión argumental repentina: un chico joven y atormentado está una noche en el jardín trasero de una casa con una diminuta pistola plateada contra su sien, mientras que en el porche de la casa vecina un hombre de aspecto desastroso, fumado y con muchas más razones que el joven para quitarse la vida, lo mira e intenta decidir si lo que está viendo es real o no. Chabon decidió sabiamente continuar con esta historia y dejar de lado esos cuatro años de escritura frustrada: el resultado fue Chicos prodigiosos, protagonizado por Grady Tripp, un profesor de escritura creativa que lleva siete años estancado en su novela Wonder Boys y que se describe a sí mismo de la siguente manera:
aunque escribiera diez mil páginas más de prosa reluciente, yo seguiría sin ser nada más que un minotauro ciego dando tumbos por un terreno quebrado, un ex chico prodigioso fracasado y obeso con una adicción a la marihuana y un perro muerto en el maletero del coche.

El dolor y la frustración de todos esos años de trabajo inútil están presentes en la novela, pero hay mucho más en ella que la simple historia de un autor fracasado. Los héroes de Chabon tienen en común la dignidad de su fracaso, que viene a ser casi como una característica personal de los caballeros en cuestión (sus mujeres suelen tener bastante más agallas). Esta novela es una ilustración de lo relativo que es el triunfo literario, las universidades están llenas de chicos prodigiosos esperando conquistar el mundo con sus escritos pero que con suerte llegarán a profesores de segunda fila, críticos frustrados o editores de nuevos aspirantes a esa gloria tan efímera como inalcanzable.

Este libro empieza mucho mejor de lo que termina, el autor quiere introducir tantos elementos en su historia que acaba perdiendo el timón de la misma y desembocando en un puro caos de situaciones cada vez más absurdas. A pesar de esta falta de cohesión argumental, la lectura resulta muy amena e incluso divertida por momentos. Esto es el mérito de la maestría lingüística y narrativa de Chabon, cuyos comentarios y observaciones que pone en boca de sus personajes son tan agudos como demoledores. Y cómo no, de la inmensa ternura que el autor siente hacia sus criaturas, a las que pondrá al borde del abismo pero nunca llegará a darles ese empujón final que las lance al vacío, siempre habrá una última esperanza que las salve aunque sea provisionalmente de la fatalidad.

jueves, 15 de julio de 2010

El misterio de la casa Aranda, Jerónimo Tristante


La librería Luces ha tenido la pérfida idea de abrir una sucursal en la nueva terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Málaga, y los vuelos a Bruselas suelen tener la puerta de embarque en sus inmediaciones: podría hablarse de todo un complot contra mi bolsillo. La selección plurilingüe de la librería del aeropuerto se compone fundamentalmente de bestsellers en edición de bolsillo, pero con un poco de buena voluntad se pueden hacer gratos descubrimientos. Yo me traje a tierras herejes dos novelas de Jerónimo Tristante, autor al que solamente conocía por referencias, y la primera de ellas que he leído, El misterio de la casa Aranda, me ha dejado un estupendo sabor de boca y ganas de más.

Esta novela inaugura una serie protagonizada por Víctor Ros, policía y detective sherlockholmesiano del Madrid de finales del siglo XIX. Este tipo de novelas arriesgan mucho, porque caen fácilmente en el pastiche de sus modelos detectivescos, en la reconstrucción histórica exagerada o en el anacronismo de lenguaje y de conducta de sus personajes. Por este motivo me gustaría destacar la originalidad de la obra como una de sus principales cualidades: el autor conoce bien a sus clásicos de la novela gótica y de misterio, pero éstos le sirven de inspiración y no de plantilla sobre la que escribir su novela. Víctor Ros es un detective con una personalidad propia muy acorde con su tiempo y circunstancias, la reconstrucción histórica es fiel y verosímil pero no exacerbada, y la trama detectivesca parte de un doble conflicto muy atractivo. Es cierto que su resolución no está a la altura del prometedor planteamiento, y el lenguaje descriptivo y narrativo es en ocasiones rebuscado hasta el exceso. Pero los diálogos son estupendos, algunas réplicas y contrarréplicas están verdaderamente conseguidas, esto hace lamentar aún más que al final el autor haya elegido el tan manido recurso del monólogo de confesión del culplable en lugar de echar mano de esa interactividad que es uno de sus mejores triunfos como novelista.

Un libro muy atractivo y agradable de leer pese a sus defectos, una lectura de verano muy recomendable y un autor a tener en cuenta. Apunto al señor Tristante entre mi lista de favoritos, siento una enorme curiosidad por saber cómo ha ido evolucionando su estilo narrativo en sus obras posteriores.

martes, 13 de julio de 2010

El viajero del siglo, Andrés Neuman


Andrés Neuman ha declarado en alguna entrevista que su intención al escribir El viajero del siglo fue la de hacer un libro raro, y sin duda alguna lo ha conseguido. Algo que le honra en este panorama literario de refritos y géneros estandarizados donde todo lo que se salga de las pautas establecidas será dejado de lado con la etiqueta de invendible por parte de las editoriales . Aunque lo cierto es que este libro lo promocionan como lo que no es: no es una novela histórica ni pretende serlo, tampoco es una novela romántica ni fantástica. Es, increíblemente, una novela de ideas de las que hace mucho que no se escribe ninguna. El autor quiere hablar de una serie de temas: la nacionalidad y los nacionalismos, la identidad, el desarraigo, la libertad y la falta de ella. Y lo hace creando un mundo inexistente como escenario para unos personajes arquetípicos pero irresistibles que le sirven de portavoces e ilustradores de las tesis y sus respectivas antítesis. El resto es un relleno literario experimental de muy alto nivel: hay novela romántica, erótica, epistolar, de misterio e intriga, ensayo, poesía, teatro.

La trama es estática, casi inexistente, y a pesar de ello no llega a aburrir en ningún momento. Las más de quinientas páginas de la edición de bolsillo se componen de las idas y venidas de los personajes dentro del municipio de Wandernburgo, sus conversaciones, sus cartas y sus dudas que vienen a resumirse en el eterno dilema: quedarse o irse, la libertad o la seguridad, elegir lo conocido y cómodo pero aburrido o optar por la libertad, la aventura y el riesgo. Dilema que se plantea tanto en la vida como en el trabajo, la política, el amor, el arte, y lleva consigo la pregunta de hasta qué punto es el hombre (o la mujer) libre de elegir su destino, su país, su ideología.

Un libro impublicable que llegó a ganar un premio y a vender bastantes ejemplares, la prueba de que el marketing editorial es capaz de hacer milagros. Pero por una vez no leerán queja alguna al respecto por parte de esta lectora.

miércoles, 30 de junio de 2010

Doble decepción



Es raro que escriba malas críticas de los libros que leo, suelo someter mis lecturas a una rigurosa selección previa para evitar perder el tiempo con libros que no me van a gustar. Pero esta vez me he dejado embaucar, y encima por partida doble.

La primera decepción ha sido con un libro que llevaba ya tiempo en mi lista de comprables: El hereje de Miguel Delibes, autor del que tengo la impresión de haber leído demasiado pocos libros. Entusiasmada tras Cinco horas con Mario y Los santos inocentes, y dejándome llevar por todo lo bueno que he oído decir de este libro, empecé su lectura con gran entusiasmo… y lo tuve que abandonar a la mitad, después de 200 páginas de una ligereza argumental insoportable. Una ligereza muy bien narrada, eso sí, que Delibes es un gran escritor. Pero no soporto que un buen escritor desperdicie su talento narrativo en un best seller destinado a contentar a las masas lectoras y a engrosar la cuenta de ahorro de su pensión. O al menos, si lo hace, que no me lo vendan como literatura cuando no lo es.

Escaldada de esta lectura, decidí tomarme la revancha con un libro de Josefina Aldecoa que encontré en la librería de segunda mano: Hermanas, la última novela que publicó la autora según creo. Me atrajo el argumento, la historia de dos hermanas bien diferentes y marcadas por una madre dominadora en el marco de una familia bien en una ciudad de la costa cantábrica en los años 60. Un argumento que habría dado para mucho si la autora hubiese puesto el más mínimo empeño en desarrollar algo su potencial, pero que acaba resultando un cruce entre un auto de fe y una novela de Corín Tellado. Las hermanas y la madre son usadas por la autora para una ejemplificación simplista de modelos buenos y malos de mujer, y la trama termina derivando en una historia romántica de amores imposibles y ambientes lujosos y exóticos. La primera parte de la novela aún es aceptable en su recreación crítica de los ambientes de clase alta provinciana de la época, a partir de la segunda parte es para llorar de lo mala que es, y el final es digno del peor culebrón televisivo.

Comprar una novela basándose en el nombre del autor que aparece en la portada debería ser un criterio seguro de calidad, pero por desgracia no lo es. Esta enseñanza es lo único que he sacado en limpio de mis dos últimos desastres lectores.

lunes, 28 de junio de 2010

El mal de Montano, Enrique Vila-Matas


El mal de Montano es un libro heterogéneo, que se compone de varias partes muy diferentes entre sí. En la primera de ellas, también titulada “El mal de Montano”, se nos narra la historia de un padre -crítico literario, enfermo de literatura- y de su hijo Montano -escritor con bloqueo, enfermo por falta de literatura- entre quienes se alza la sombra de una madre suicida. La lectura de este primer libro me llenó de asombro y admiración, por primera vez veía a Vila-Matas narrando una historia y haciéndolo además muy bien. Por desgracia la fiesta duró poco, exactamente hasta la página 101. En la siguiente parte se nos revela la ficción metaliteraria de esta primera historia, una ficción tras la que el narrador del libro (no necesariamente el autor) pretendía ocultar sus propios problemas y preocupaciones, de los que pasará a hablar directamente a lo largo de lo que queda de libro.

Un juego literario muy conseguido y atractivo, sí, pero yo hubiese preferido que continuara la historia de las cien primeras páginas. Aunque el resto del libro contiene páginas memorables y reflexiones muy acertadas sobre la creación literaria, no pude dejar de echar de menos a ese padre y ese hijo del principio. La frustración de ese relato inacabado no me arruinó el libro, que me ha gustado bastante, pero sí que me ha hecho pensar en lo buen narrador que sería Vila-Matas si alguna vez decidiera dejar de ser postmoderno y escribiera una novela con su trama, sus personajes, en fin una novela de esas de las de toda la vida.

domingo, 27 de junio de 2010

Cuentos, Julio Ramón Ribeyro


Precepto nr. 4 de la poética del cuento, según Ribeyro:
La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.

Julio Ramón Ribeyro se sentía incapaz de escribir una gran novela al estilo de los grandes narradores latinoamericanos contemporáneos, pero al mismo tiempo consideraba el cuento como un género menor. Llegó a agrupar sus cuentos temáticamente en las primeras colecciones publicadas, esperando que la suma de las partes trajera consigo una revalorización del conjunto.

Triste destino el del autor que reniega del género que domina con maestría inigualable, porque los cuentos de Ribeyro cumplen a rajatabla el precepto indicado arriba. Sus relatos entretienen por la agilidad y la frescura con que están escritos, conmueve el destino miserable de sus personajes, intriga esa voluntad patética de superación en la que perseveran pese a todo, y sorprende la esperanza que pervive en el transfondo de todas estas historias. Los protagonistas son seres condenados al fracaso pero que son capaces de mantener una cierta dignidad personal, una dignidad de ser humano que se atreve a rebelarse contra las circunstancias.

Los mejores relatos son los que se sirven de una técnica narrativa escueta, donde lo que se dice queda reducido a un absoluto mínimo y los silencios son tan elocuentes como las palabras del narrador o de los personajes. Los relatos posteriores y más extensos de Ribeyro están en mi opinión menos conseguidos. Son unos relatos de confección impecable pero de fórmula, la longitud les hace perder fuerza dramática y efectismo, no llegan a calar tan hondo en el lector como sus cuentos más breves. Pero así y todo, los relatos de este autor son todos sin excepción una experiencia lectora de primera categoría. Fue todo un regalo, llegar a conocer a este autor a través de este libro que me pusieron en las manos.

domingo, 20 de junio de 2010

Tirano Banderas, Ramón del Valle-Inclán


Ramón del Valle-Inclán fue un auténtico genio literario, pero tuvo la mala suerte de nacer en España. Si hubiera sido anglosajón, su nombre estaría entre los grandes de la literatura universal del siglo XX. Pero en el país y en la época que le tocó vivir, pasó de ser en vida un escritor extravagante y excéntrico al que no había que hacer mucho caso, a ser un escritor trasnochadísimo a quien guardar en los anaqueles más polvorientos de la historia de la literatura tras su muerte.

Tirano Banderas tiene una reputación dudosa como novela. Se la clasifica como la obra maestra de Valle-Inclán, sí, pero directamente después se le van pegando etiquetas: esperpéntica, experimental; difícil, de lenguaje inaccesible. Nada que invite al lector a abrir sus páginas y sumergirse en su historia. Pero quien tiene el arrojo de hacerlo se lleva una sorpresa y de las grandes, porque se encuentra con una novela moderna, crítica, irónica y que engancha desde la primera línea. Una novela publicada en 1927 pero cuya temática sigue siendo increíblemente actual: el tirano que se mantiene en el poder implantando un régimen de terror tanto entre la población como entre sus propios colaboradores, y que cuenta con el apoyo implícito de la colonia de extranjeros residentes en el país porque los negocios van a marchar mucho mejor bajo el gobierno de un dictador que bajo la democracia del pueblo.
Uno de los grandes aciertos de la novela es la falta de definición espacio-temporal de la trama. La historia transcurre durante las celebraciones de Todos los Santos en un país hispanoamericano que podría ser México pero igualmente podría tratarse de cualquier otro. El lenguaje utilizado constituye justamente un elemento más de no identificación, el autor ha procurado usar tanto voces peninsulares como de distintas regiones de América Latina para dar a su obra un carácter panhispano. La figura deTirano Banderas está tan deshumanizada que pasa a ser sobrehumana y prototípica, puede ser el dictador de cualquier país latino en cualquier época. Y esto es lo que hace que esta novela siga manteniendo toda su frescura y validez más de ochenta años después de su publicación.

No es una novela para pasar el rato, es un libro para leer con atención, disfrutar de su maestría formal y lingüística y meditar sobre su contenido. Que los libros también están para eso.

miércoles, 16 de junio de 2010

Santuario, William Faulkner


Cuando una se acerca a su primera lectura de Faulkner, lo hace con respeto, armándose de valor, preparándose a leer página tras página de prosa magnífica pero incomprensible y deshilvanada. Pero miren ustedes por donde, mi primer Faulkner ha sido Santuario, y me temo que he disfrutado enormemente de su lectura, me ha resultado incluso entretenida. Seguramente es por ello que la mayoría de las reseñas se apresuran a aclarar que Faulkner escribió Santuario por dinero, buscando el éxito comercial y el reconocimiento del público. Y qué si es así. Una novela comercial de un escritor del talento de Faulkner no deja de ser una obra maestra si el escritor ha puesto su empeño en escribir un buen libro. Y esa calidad literaria es algo evidente aquí.

Lo más llamativo del libro es el argumento, un crimen y castigo situado en el sur de los Estados Unidos durante la época de la Ley Seca y de la segregación racial entre blancos y negros. Todos estos elementos son utilizados para dar color y sabor a la trama y atrapar el interés del lector, pero tras ellos tenemos el andamiaje de un relato construido sobre dos bases paralelas, divergentes y complementarias: el narrador y los diálogos de los personajes. Un narrador distante y desapasionado que se limita a hacer acta de lo que ocurre, exponiendo los hechos más grotescos, chocantes y escalofriantes con la misma naturalidad con la que describe los paisajes naturales y urbanos donde se desarrollan estos hechos. Esta desapego narrativo está en pleno contraste con los diálogos y monólogos interiores de los personajes, en los que salen a relucir todas las emociones, sentimientos de atracción y rechazo, amores y odios que los mueven a actuar como lo hacen. La caracterización de los personajes ocurre a través de sus palabras, poco o nada nos va a decir el narrador sobre ellos. Si hay buenos o malos en esta historia, es el lector quien tiene que decidirlo.

Santuario es una lectura claustrofóbica y angustiosa, pero también intrigante y compulsiva. Un libro muy recomendable para los amantes de la novela negra que quieran leer algo de calidad suprema, o para quien quiera leerse algo de Faulkner que resulte accesible para un lector medio.

sábado, 12 de junio de 2010

El Corazón del Tártaro – Rosa Montero


Las primeras novelas de Rosa Montero fueron una compañía constante en mis años mozos, cuando aún era capaz de entusiasmarme por completo con mis lecturas y de profesar una admiración sin límites por sus autores. Todavía conservo en cierta medida aquella capacidad de entusiasmo, pero se ve atemperada por el sentido crítico que queramos o no se nos va desarrollando con los años. Este libro, que sin duda habría hecho las delicias de mi yo juvenil, ahora solamente me ha gustado con reservas.

La historia es muy buena, y está muy bien contada, con el tono justo además. La historia de Zarza y Nicolás, los mellizos que comparten primero una infancia desgraciada para después caer juntos en el infierno de la droga y la delincuencia que acabará por separarles, podría haber dado lugar a una novela existencialista, de realismo social o de denuncia. Pero Rosa Montero eligió muy acertadamente hacer de ella una gesta de estilo medieval, la doncella en apuros que tendrá que buscarse la vida ella sola durante casi toda la novela sin que haga su aparición caballero andante alguno que la socorra en sus apuros. Sin idealizar en ningún momento la situación, pero sin recrearse tampoco en los detalles sórdidos de la historia, todo en su justa medida como debe ser.

Los reparos se deben a que la autora ha querido introducir demasiados elementos en la novela. Está claro que Rosa Montero se inspiró en El caballero de la rosa de Chrétien De Troyes para escribir su historia, pero no era necesario que el relato artúrico estuviera presente de manera explícita en el relato ni que hubiera continuas referencias a él. También sobra para mi gusto la excesiva poetización de la adicción a la droga, su comparación con una malvada Reina Blanca que somete a sus súbditos a una tiranía despiadada. Todo esto complica en exceso una historia ya de por sí enrevesada, y resta protagonismo a los otros personajes, que habrían merecido más atención por parte de la autora.

Esta es una novela para leérsela tal cual, para poner la mentalidad analítica a cero y sumergirse de lleno en la historia que se cuenta. Algo que por desgracia ya no soy capaz de hacer, y bien que lo lamento.

miércoles, 9 de junio de 2010

Biografía del hambre, Amélie Nothomb


Parece ser que el grueso del terrorismo internacional se recluta entre los hijos de diplomáticos. No me extraña. (página 191)

Amélie Nothomb, hija de diplomáticos, sobrina del que fuera presidente del gobierno de su país, parece que decidió ya desde niña ejercer de oveja negra de la familia. Un papel que desempeña con gran éxito tanto personal como literario, y con gran gusto también a juzgar por sus escritos. No creo que vaya a leer más libros suyos, Estupor y temblores que fue con el que me estrené me resultó bastante irritante, y si me leí Biografía del hambre fue porque ya lo había comprado y desde pequeña me enseñaron a no desperdiciar nada.

No esperaba nada de este libro, pero mira por donde, me ha gustado y mucho. Quizás porque la voz que oímos en este libro es la de Amélie niña, y las rarezas mentales de la infancia son bastante más interesantes que los traumas de una señorita bien la primera vez que se enfrenta al mundo real. Las historias que cuenta Amélie sobre su infancia son tan increíbles que bien pudieran ser ciertas, y aunque escritas con el evidente propósito de escandalizar a su rancia familia de abolengo, resultan bastante entretenidas e intrigantes. Conforme la niña va creciendo las historias se van volviendo más amargas y cínicas, hasta terminar con una Amélie adulta que después de haber estado en medio mundo y de haberlo visto todo, no tiene ni idea de dónde está ni de cuál quiere que sea su vida.

Puede parecer una elección rara como libro para regalar, pero la persona que lo recibirá va a saber disfrutar con las rarezas de esta obra. O al menos eso espero.

domingo, 6 de junio de 2010

Manual de la oscuridad, Enrique de Hériz


Resulta casi demasiado fácil decir que Manual de la oscuridad es una novela mágica: pero resulta que lo es, y no porque el tema de la magia ocupe una gran cantidad de sus páginas. La magia de esta novela reside en la relación que el protagonista, Víctor Losa, mantiene con su maestro Mario Galván, en la personalidad de estas dos individualidades que a pesar de todo lo que los une apenas consiguen llegar a compartir sus soledades respectivas. La enseñanza, la transmisión de unos conocimientos y unas técnicas, será la forma fundamental de comunicación entre estos dos personajes que, al igual que las hormigas, carecen de palabras para expresar sus sentimientos.

Víctor solamente dispone de su cuerpo y de la luz, de la magia y el sexo, para comunicarse con el mundo exterior. Sumido en el silencio por su carácter y condenado a la oscuridad por una enfermedad, tendrá que inventar nuevos métodos de supervivencia para los que no hay ningún manual disponible. Así que recurrirá a sus instintos de supervivencia, eliminará de sus necesidades todo lo que quede fuera de su alcance y se encerrará en una vida minimalista en la que nada le falta porque ha tirado por la borda todas las esperanzas.

Es un libro muy efectista, cierto, y los trucos de los que se sirve el autor no siempre se ocultan con éxito. Pero el resultado es una historia bien contada, que engancha, emociona, hiere, entretiene y conmueve al lector. Un libro perfecto para regalar. O para que te lo regalen, como la suerte quiso que me pasara a mí.

viernes, 4 de junio de 2010

Nocturno de Chile, Roberto Bolaño


Cuando voy a España aprovecho para comprarme los Bolaños a pares (los breves al menos). Iba yo buscando Nocturno de Chile cuando mi asesor telefónico de lecturas me recomendó comprarme también Estrella distante. Y menos mal, porque finalmente fue Nocturno de Chile el que menos me gustó de los dos.

Para ser sincera, este libro al principio me pareció un ladrillo insoportable. Ha debido ser que lo cogí en mal momento, porque otros pestiños de Bolaño como Amberes me los tragué sin rechistar y hasta con cierto interés. Pero esta vez no conseguía conectar con lo narrado, que es el monólogo delirante del protagonista sin puntos aparte ni diálogos. Es una novela corta, de unas 150 páginas, y hasta la mitad aproximadamente lo leí más por sentido del deber que por gusto.

Sin embargo, al pasar el ecuador de la novela de repente se produjo el milagro: no sé si me cambió el humor o si fue la narración la que cambió, pero de repente se hizo la luz, los delirios fueron cobrando sentido, y me leí toda la segunda parte sin parar y casi sin respirar. Una novela extraña, inquietante, como suelen serlo sus escritos ambientados en el Chile de Pinochet. Pero no es un gran libro.

Me parece que de todos los géneros que cultivó Roberto Bolaño, la novela corta es el que se le daba peor. Sus poemas, relatos y novelas extensas están muy por encima de estos libritos breves, que me parecen sobre todo aptos para sus fans más incondicionales.

RESURRECCIÓN -Roberto Bolaño-

La poesía entra en el sueño
como un buzo en el lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito cono Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Batalón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.