domingo, 22 de enero de 2017

Los jardines de la disidencia – Jonathan Lethem

Se podría decir que lo más remarcable de esta estupenda y curiosa novela son los personajes, si no fuera porque el tratamiento que hace de ellos el autor es aún más remarcable. Las tres generaciones de americanos de diferentes orígenes (judío, irlandés, afroamericano) que pueblan la historia son el tipo de personaje que rara vez va a aparecer en el papel protagonista, e incluso como secundarios su papel va a ser mínimo, meros figurantes en la vida de otros seres más meritorios por ejemplares o trágicos. Pero poca tragedia hay en el fracaso colectivo de las vidas que se narran aquí, porque es un fracaso asumido por quienes lo viven como una alternativa vital elegida y buscada como la única posible para ellos. El comunismo, el pacifismo, la canción protesta, el mundo académico y la religión: cada miembro de la familia buscará su propio ámbito de desengaño, siendo el inconformismo con los propios ideales que persiguen la gran constante en sus vidas y el único punto de encuentro en su incomprensión mutua.

Los jardines de la disidencia es una lectura incómoda, incluso desagradable en algunos momentos, pero capaz de despertar en el lector a medida que avanzan las páginas la misma fascinación que sin duda sintió el autor cuando las escribía. No importa lo difícil que resulta empatizar con estos personajes tan convencidos de su propia verdad que dejarán que sus convicciones arruinen sus vidas: son criaturas creadas con amor, compasión, ironía y fatalismo por parte de su autor, y una carga tal de sentimientos no puede dar como resultado una lectura indiferente. 


sábado, 24 de diciembre de 2016

Avenida de los misterios – John Irving


El escritor norteamericano John Irving es tan prolífico como incombustible, y su obra tan genial de manufactura como impredecible de calidad (y viceversa, en los mejores casos). Por eso no es de extrañar que Avenida de los misterios, su último libro publicado, no haya recibido las mejores críticas. Se le achaca falta de argumento y excesiva longitud para tan poco contenido, como si una novela tuviera que ser necesariamente el relato prolijo de una serie de peripecias. Es cierto que este libro es de una contención argumental insólita en el autor, el número de sucesos estrambóticos es relativamente limitado y la historia va siguiendo un trayecto pausado de ida y vuelta entre la adolescencia mexicana como niño de la basura del protagonista, Juan Diego Guerrero, y su viaje a las Filipinas ya en la madurez avanzada y convertido en un escritor norteamericano de éxito y prestigio mundial.

Los personajes viven las situaciones más insólitas y disparatadas con la naturalidad propia de las criaturas de este autor, cuya idea de la caracterización es observar a sus personajes bajo un cristal de aumento que agranda y deforma todos sus detalles. Juan Diego Guerrero recordará sus años como niño lector en el basurero de Oaxaca compartidos con su hermana Lupe, visionaria y temperamental, su posible padre y su madre ausente, como los más felices de su vida. Los jesuítas, la rivalidad entre la Virgen María y la de Guadalupe, los milagros y maldiciones, forman un entramado de creencias de las que escapará el protagonista tanto en su adolescencia como en su madurez, cuando el encuentro con una madre y una hija turbadoras y omnipresentes le llevan a sospechar que puede haber caído en las redes del propio diablo.

De su vida entre ambos periodos no llegamos a saber gran cosa por elección explícita del protagonista narrador, cuyas reflexiones sobre su vida de antes y ahora y sobre las repercusiones sociales de su oficio de escritor van articulando una narración bastante peculiar sobre lo humano y lo divino, lo cotidiano y lo sobrenatural. Y como suele ser habitual en las novelas de John Irving, sobre el amor y la amistad en todas las múltiples combinaciones que pueden llegar a adoptar estos sentimientos. Pero ya no parece sentir la necesidad de sorprender o alarmar al lector a cada vuelta de página: el estilo hiperbólico y desmesurado que lo caracterizaba ha madurado en una ironía melancólica menos aparente pero más insidiosa y tanto o más efectiva que los fuegos de artificio de los que se sirvió en el pasado. 

Retrato del autor por Jordi Berenguer Barrera

sábado, 3 de diciembre de 2016

La séptima función del lenguaje – Laurent Binet

Este me ha resultado ser uno de los libros más improbables que he leído. ¿Un thriller sobre una supuesta séptima función del lenguaje, descubierta por Roman Jakobson pero que no se atrevió a publicar junto a las otras seis que constituyen su modelo de comunicación lingüística? Y esto no es más que el principio: el accidente en el que murió el semiótico francés Roland Barthes resultaría haber sido un atentado contra su vida, tramado por otros semióticos franceses de renombre para hacerse con esta famosa séptima función que permitiría a su poseedor resultar invencible en cualquier duelo dialéctico. Lo que precisamente necesita uno de ellos para hacerse con la victoria en una sociedad ultrasecreta de duelos de maestría retórica en los que el ganador se alza con la gloria y el perdedor paga un alto precio...

El planteamiento tan iverosímil y las múltiples referencias semióticas y estructuralistas hacen que este libro resulte un poco ladrillo en su lectura. Pero los conocedores del mundillo intelectual y político francés de los años ochenta del pasado siglo podrán disfrutar enormemente de las tremendas idas de olla del autor con todos los personajes reales que van haciendo su aparición y a los que trata tan mal como a sus personajes de ficción (lo que hace con Derrida y especialmente con Soller no tiene nombre). Los únicos que salen un poco mejor parados son los italianos, con Umberto Eco a la cabeza, quienes además resultan hablar todos un francés perfecto. Laurent Binet es un autor muy pero que muy francés pero al mismo tiempo bien poco chauvinista y con una perspectiva bastante europea, una combinación que a mí personalmente me resulta irresistible. No soy una gran fan de la cultura francesa, pero por autores como este soy capaz de hacer una excepción.


(leído en la traducción al neerlandés de Liesbeth van Nes) 


jueves, 17 de noviembre de 2016

Haru – Flavia Company

Esta es una novela muy curiosa, de lectura amena e incluso relajante a pesar de carecer casi de argumento y de contar una historia un tanto anodina a través de unos personajes en los que no se profundiza demasiado y que tampoco resultan especialmente atractivos. Estas características, que en una obra de otro calibre podrían considerarse como eroores o incapacidades del autor, en este libro resultan ser elecciones muy acertadas a la hora de huir de las trampas fáciles de las historias ejemplares.


Al contar la historia del proceso de aprendizaje vital de Haru, la autora funciona como un testigo que se limita a transmitir muy someramente sus observaciones del comportamiento de los personajes, sin comentar, valorar, juzgar, justificar o intentar explicar estos comportamientos. Lo mejor del libro es todo lo que no hay, este minimalismo puro que deja a Haru sola con sus circunstancias y sus demonios y a los lectores con una historia reducida a su mínima expresión. Capítulos cortos, espacios en blanco y un recorrido vital de ida y vuelta narrado en un estilo escueto y sin florituras: no hace falta más para invitar al lector a seguir las peripecias de Haru con la misma limpieza mental con la que está escrito el libro.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Aquí estoy – Jonathan Safran Foer






Between any two human beings there is a unique, uncrossable distance, an unenterable sanctuary. Sometimes it takes the shape of aloneness. Sometimes it takes the shape of love.







Y así, en la última página del libro, después de 571 páginas de disgresiones argumentales el autor por fin consigue decirlo: entre dos seres humanos siempre hay un espacio infranqueable, que se compone a veces de soledad y a veces de amor. Desde un punto de vista práctico, leerse  el resto del libro va a resultar una pérdida de tiempo porque no va a aportar mucho más que esta sabiduría lapidaria. Pero como por suerte los lectores solemos ser gente poco práctica, estoy convencida de que habrá otros dispuestos a  intentar cubrir la distancia que los separa de un autor americano, cuarentón, judío y recién divorciado para entrar en ese santuario personal suyo cuya puerta ha dejado entreabierta con esta novela. Que sin ser en absoluto autobiográfica, puede llegar a contener más del autor que lo puramente anecdótico de su vida cotidiana.

Jonathan Safran Foer es un autor judío de la nueva escuela con todo el peso de la tradición novelística americana a sus espaldas, que intenta encontrar una identidad literaria propia al margen de sus ilustres predecesores. Para ello, Foer va en busca de su pasado, su presente y su futuro como un nuevo judío errante, siendo testigo de la obsesión por el nazismo de sus abuelos y la obsesión por el sionismo de su generación, buscando una identificación que se le escapa. Después de sus dos primeras novelas y de un largo periodo de silencio, Jonathan Safran Foer ha decidido volcar toda la distancia que lo separa del mundo en una novela y decir con ella: aquí estoy.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Escríbeme una foto - David Torrejón

La última obra de David Torrejón es un libro difícil de describir y aún más de clasificar. Se trata de una novela en la que los protagonistas van a escribir como tarea para un taller literario relatos basados en una foto que serán incluidos dentro de la novela. Esta foto a su vez dará pie a un juego de ficción y realidad del que participarán la escritora Paloma González Rubio y su novela El delito de la lluvia, publicada también por La Discreta pero que en este libro forma parte integrante de la trama narrativa, incluyendo la foto que dará pie a los relatos y a los sucesos que acontecerán al protagonista. Y el juego de identidades tan importante en toda la novela, ¿termina realmente al final de la obra o podemos permitirnos caer en el cliché imperdonable de identificar al narrador en primera persona con el autor de la obra?

Todos estos juegos literarios y artificios narrativos pueden hacer temer una novela experimental, ilegible, solo apta para los iniciados en los ritos de la postmodernidad. Afortunadamente David Torrejón no es un autor susceptible de olvidarse tan fácilmente de su público lector y nos vuelve a brindar una obra abierta a todo el que esté dispuesto a embarcarse con él en un viaje de exploración de las fronteras de la obra escrita, un viaje en el que no faltará acomodo, animación, guía y apoyo logístico de manera que nadie se perderá por el camino ni tendrá que abandonar desanimado ante la dificultad de la empresa.


Escríbeme una foto es un libro que demuestra que la novela experimental no tiene por qué ser elitista ni difícil. Que es posible escribir libros inteligentes, divertidos y profundos aptos para todos los públicos. Y que merece mucho la pena tener en cuenta las publicaciones de editoriales independientes como La Discreta, que dan a sus autores la oportunidad de escribir fuera de las modas y de las leyes de mercado libros que merece la pena comprar, leer y regalar.

Retrato del autor de la mano de Jordi Berenguer Barrera

jueves, 9 de enero de 2014

Los desorientados - Amin Maalouf

Si no me llegan a regalar este libro nunca me lo habría leído. Y habría sido una pena, porque empezar el año sentada al sol con esta lectura fue una experiencia única.  El protagonista de la novela, que vive exiliado en París donde trabaja como profesor de historia en la universidad, vuelve a su tierra natal para el entierro del que fue su mejor amigo pero del que vive distanciado por un conflicto sobre el que se irán dando los detalles a lo largo del libro.  Este regreso, cómo no, será el detonante de una serie de reencuentros con el pasado y numerosas reflexiones sobre la situación pasada y presente de ese país que nunca se nombra.

Hasta aquí nada nuevo bajo el sol.  Y el hecho de que los datos biográficos del protagonista correspondan en gran medida con los del autor despiertan de manera natural (y sin duda calculada) la curiosidad del lector por saber dónde acaba la ficción y dónde empieza la realidad.  Aunque realidad bien poca vamos a hallar en unos personajes que son fundamentalmente alegóricos, representantes de diferentes etnias, creencias religiosas e ideologías que una vez fueron capaces de convivir en armonía y ahora se hayan dispersos por el mundo sin poder encontrar su sitio en la vida.  Los escenarios y situaciones narrados dan una fuerte impresión de veracidad pero el desarrollo narrativo es fundamentalmente reflexivo y nostálgico, lo que en absoluto afecta a la legibilidad o interés del libro que se lee como un bestseller pero deja huella como la gran obra que es.  No conocía al autor ni sé si volveré a leer algo de él, sin embargo esta novela va a ser uno de mis mejores libros del año que acaba de empezar.  Un libro así es todo un regalo.